10/04/2010

El pergamino de la seducción

Resumen de la obra:

    La reina Juana de Castilla, hija y madre de reyes, es el personaje más carismático y fascinante de un período crucial de la historia de España. Hermosa, inteligente, segura y poderosa, se rebeló contra la represión y los abusos, y luchó sin descanso por ser fiel a sí misma.

   En 1509, con 29 años, fue declarada loca y encerrada en Tordesillas, donde permaneció hasta su muerte en 1555.

   Cuatro siglos más tarde, a través de Lucía, una joven de asombroso parecido con la Reina Juana de Castilla, un historiador busca resolver el enigma de quien fuera más conocida como Juana la Loca. ¿Enloqueció de amor, como cuenta la historia oficial, o fue víctima de traiciones y luchas por el poder?
                                                    
   Seducida por la pasión de la palabra, Lucía se adentra en un pasado que alterará su presente para siempre.

   
Lo que me impactó:
   
     "Pobre Juana creciendo entre ayas puntillosas y poco dadas al juego y las caricias. pobre Juana teniendo como tutor a Miranda, que se entretenía anotando los diversos tipos de herejías, de las comunes a las exóticas, en legajos de papeles que cargaba siempre consigo y que ella leía a hurtadillas".

     "Por fortuna, yo ya estaba recuperada de mi pasajera enfermedad. La excitación que permeó el ambiente tras la noticia de la llegada de Felipe sacudió los restos de melancolía que aún me afligían. Me propuse mostrarle el talante con que me presentaba ante él en mis ensoñaciones. Quería que me viera como una criatura radiante. Escogí un vestido rojo granate de escote cuadrado y anchas mangas. No quería halagarlo acicalándome en exceso. Al cuello me puse el rubí que mi madre me regalara para mi compromiso y me dejé el pelo suelto".

   "Le dije a Felipe que no quería nodrizas para mis hijos. Los amamantaría yo aún sin no era la usanza en la corte. No trató de disuadirme. Más bien desarrolló verdadera afición por estar a mi lado en esas ocasiones. Le encantaba ver la expresión de sus nobles cuando yo me bajaba el escote. Nos reíamos después comentando las reacciones y él me animaba a que luciera mis pechos".
 
  "Dejar a Juana en libertad significaba grandes riesgos para sus intereses. Y Fernando no estaba dispuesto a correr con esos riesgos sabiendo que nadie se opondría a que sacara a Juana del juego. con la excusa de la locura, él podía hacer cualquier cosa. Después de todo, Felipe le aró el camino".

     "Pero no sólo se me despojaba de mi libertad. A mi hijo Fernando se lo llevaron poco después. ¿Hasta dónde llegaría la hostilidad y el deseo de silenciarme? Imposible saberlo. El  palacio era una cueva repleta de sombras equívocas".

    "Escribía en latín tan bien como en español. ¿Y qué escribiría Juana, Lucía? No era religiosa. Uno de los argumentos para llamarla loca es que no era devota. Desde sus primeros años en Flandes, apenas acude a los servicios religiosos, las misas. Tenía amigos inteligentes: Erasmo de Rotterdam, por ejemplo. Siempre he pensado que El elogio de la locura, si bien está dedicado a Tomás Moro, es un homenaje y una reivindicación de Juana. Este era un libro que ella tenía entre sus libros de cabecera al morir. No me parece descabellado sospechar que pudiera encontrar solaz en la escritura".
   

       
De: Belli, Gioconda. El pergamino de la seducción. Buenos Aires : Seix Barral, 2009.

2 comentarios:

Fernanda dijo...

Hay un poema bellísimo de García Lorca narrando la muerte de Juana... No recuerdo el nombre, pero lo voy a buscar... Muestra el morir de amor...

Ivana Bibliotecaria dijo...

Buscalo, así lo subo. Gracias!
Besosss