12/03/2011

La planta de Bartolo - Laura Devetach

La planta de Bartolo


Ilustración
Ilustración original de Victor Viano para la primera edición de La torre de cubos

El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.
Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.
Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:
—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:
—¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!
Y los pobres chicos no sabían qué hacer.
Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:
—¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!
Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.
Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto.
Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!
—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.
—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.
—¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.
—No.
—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.
—No.
—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.
—No.
—¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
—Nada. No la vendo.
—¿Por qué sos así conmigo?
—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.
—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.
—No.
—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
—¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.
Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.
Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.
—¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.
Portada del libroCuento extraído, con autorización de su autora, del libro La torre de cubos (Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1985, colección Libros del Malabarista).






 En: http://www.imaginaria.com.ar/17/6/la-planta-de-bartolo.htm


08/03/2011

24 de Marzo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

 El período denominado como “Proceso de Reorganización Nacional” constituye uno de los períodos más complejos de abordar de nuestra historia. En primer lugar, porque se trata de acontecimientos recientes. En segundo lugar, porque las heridas que dejó siguen abiertas.
¿Cómo abordar entonces este período tan doloroso y complejo? Lo que preocupa es cómo abordar el tema tratándose de chicos entre 5° año y 7° año de la EGB. 
En 1976, el libro “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Isabel Bornemann, y el libro de Laura Devetach “La torre de cubos” estuvieron prohibidos por Decreto de la Junta Militar por considerarlos injuriosos, dañinos y ofensivos para los niños.
La Censura Cultural fue uno de los mecanismos de control autoritario que aplicó la dictadura militar sobre toda la sociedad. Esta Censura consistió en vigilar además de todo tipo de publicaciones (diarios, revistas y libros), obras de teatro, películas, canciones, programas de televisión, entre otros.
La prohibición de libros, editoriales y autores durante la última dictadura fue muy amplia y abarcó distintos géneros y públicos. En particular en la literatura infantil, la mirada autoritaria de aquellos años sostuvo el argumento de que la censura resguardaba a los niños de ciertas ideas consideradas “peligrosas” para el orden social.
Así los cuentos prohibidos fueron acusados de “ilimitada fantasía”, “carecer de estímulos espirituales y trascendentes”, ser “críticos a la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad”, poner en cuestión “valores sagrados como la familia, la religión o la patria”,  simplemente por estar en contra del gobierno militar.
Se llevaron a cabo distintos operativos que tenían como objetivo “detectar” este tipo de literatura y sacarla de circulación. Uno de los ámbitos de “control ideológico” donde estos procedimientos tuvieron fuerte presencia fue el de las escuelas y sus aulas: los maestros, los libros escolares y las actividades que allí se desarrollaban; como también en las bibliotecas y a los bibliotecarios.
La Censura de cuentos infantiles pone en evidencia cómo el autoritarismo penetró en toda la sociedad, imponiéndose en distintos espacios, limitando la libertad de pensamiento, de imaginación y de creación.
Estos cuentos fueron prohibidos durante la última dictadura, en el marco de una política de estricto control cultural que llevada a cabo por el gobierno militar, impuso la Censura como mecanismo para vigilar las maneras de pensar y de sentir de los ciudadanos.
La intención es ligar el problema de la Censura Cultural con cuestiones como la intolerancia a la diferencia y la imposición de ciertos valores como los únicos aceptables.
Trabajar desde la literatura nos ofrece otros modos de posicionarnos ante el desafío de transmitir a los más chicos lo sucedido en la historia reciente de nuestro país.
Invitar a leer este y otros cuentos forma parte de un ejercicio de memoria, que habilita un espacio para el encuentro entre generaciones. A través de este ejercicio puede tener lugar un diálogo sobre nuestro pasado reciente, su incidencia en relación con nuestro presente y las posibilidades que desde aquí puedan tejerse para la construcción de otro futuro.

                    (Los cuentos se cargarán en la próxima entrega)

Ivana Carla Munini
Lic. en Bibliotecología y Documentación

Este proyecto se llevó a cabo en el año 2007 en una Escuela Primaria, 
les ruego que citen el autor y la fuente. Gracias!

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01/02/2011

¿Por qué escribimos?

Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia. Para dar testimonio. Cincuenta escritores tratan de contestar esta pregunta incómoda

Viernes 21 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa
Por Jesús Ruiz Mantilla
EL PAIS - GDA


Algunos llegaron a la literatura por vocación, por el placer de la lectura y para emular a los autores que admiraban. Ahora crean por necesidad vital, o simplemente lo hacen por dinero. Autores de renombre revelan los motivos por los que dedican sus vidas a la escritura.
En el principio fue el verbo... Así lo recoge San Juan en su Evangelio. La palabra que conforma el mundo, el nombre que lo explica todo. Puede que no fuera tal, puede que antes del verbo existieran cielos, mares, noche, día, estrellas, firmamento. Pero si nadie sabía cómo nombrarlos, no eran nada, absolutamente nada. Así que al principio fue el verbo, como bien dejó escrito Juan. Y a ese verbo bíblico lo siguieron la épica de Homero, la intemperie y el poder de los dioses, el amor y la guerra que nos relata la Ilíada y, después, el delirio del Quijote, y luego, la soledad de Macondo.
Puede que después de episodios narrados como aquéllos no hiciera falta nada más. Pero a los clásicos, que montaron todos los cimientos del templo, siguieron más generaciones -"el eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición", de la que alerta Enrique Vila-Matas-, algunas nuevas preguntas para cada era, nuevos problemas y, por lo tanto, conceptos nuevos, palabras nuevas. Detrás de su registro se escondía un escritor. ¿Por qué?
¿Por qué escribir? ¿Para qué nombrar? ¿Para qué contar? Para entender. Para amar y que te amen. Para saber, para conocer. Por miedo, por necesidad, por dinero. Para sobrevivir, porque no todo el mundo sabe bailar el tango, ni jugar bien al fútbol. Por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir la propia. Por dar testimonio, porque no se sabe escribir bien, confiesa John Banville. Porque leyeron, padecieron y miraron cara a cara a la muerte.
Porque el verbo provoca desasosiego en Nélida Piñón; porque no se elige, como un amor, añade Amélie Nothomb. Por ser el masoquista que uno lleva dentro, aduce Wole Soyinka; por los arroyos y los torrentes de los libros leídos, cuenta Fernando Iwasaki; como forma de existencia, según Elvira Lindo. "Una manera de vivir", dice Vargas Llosa, parafraseando a Flaubert. Para sentirse vivo y muerto, proclama Fernando Royuela. Igual que uno respira, suelta entre interrogaciones Carlos Fuentes. O para sobrevivir a ese fin, "a la necesaria muerte que me nombra cada día", testimonia Jorge Semprún.
La escritura es dolor y placer. Como el cuento, como la retórica aristotélica, se arma, se aprende. Principio y fin. Antes que nada vino el verbo, lo deja claro San Juan. También lo sabía Kafka. Pero el escritor checo pregunta: "¿Y al final?". Quizás silencio, como interpreta sobre su obra George Steiner, con buen tino, oliéndose el apocalipsis de la destrucción europea.
Como testimonio también se mete uno entre papeles. Se escribe por el mismo motivo por el que Ana Frank comenzó a organizar su diario. O por el que la poeta rusa Anna Ajmatova, cuando se pasó 17 meses en las filas de las cárceles de Leningrado para ver a su hijo, respondió a una mujer que la reconoció y le preguntó si podría describir aquello que sí, que lo haría. "Entonces -dice Anna en Réquiem -, una especie de sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro." Eso fue suficiente motivo. La emoción de la verdad, la justicia de dejar constancia. Para que otros quizás lo aplicaran a su presente, para que no se repitiera. 
                                                                                Seguir leyendo http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1342530&origen=premium&utm_source=newsletter&utm_medium=suples&utm_campaign=ultnoti

18/01/2011

Guía para leer a Paul Auster

Un recorrido con el escritor por la Nueva York de "Sunset Park", su última novela. 

POR FRANCESC PEIRON

La última novela de Paul Auster arranca en la soleada Florida, en medio de la desolación de las viviendas embargadas por el impago de las hipotecas tóxicas. Joyce Carol Oates la define como “una pesimista alegoría contemporánea de la vida americana bajo la espiritualidad de la bancarrota”.
Pero su título es puro Nueva York, ciudad que desempeña un papel importante. Toma el nombre de Sunset Park (Anagrama Edicions 62), uno de los barrios de su Brooklyn, aunque no es el Brooklyn mesocrático de Park Slope donde reside el autor, ni el Brooklyn de Carroll Gardens, Dumbo o Williamsburg, redescubierto por los artistas y los turistas europeos más leídos. Es el otro, el de mayores dimensiones y más denso, el que conecta por la vía de la miseria con la tribulación de quienes perdieron su hogar. “Rara es la construcción a la que accede que ha sido dejada en buen estado… Resulta más habitual que haya habido una erupción de violencia e ira”. El que se encuentra con este paisaje de derrota es Miles Heller, protagonista principal, que trabaja limpiando las residencias expropiadas para que el banco las vuelva a poner en el mercado. A él le gusta retratar los objetos abandonados en la diáspora de la ruina. Miles es un joven de 28 años de clase media, erudito, que hace algo más de siete huyó de su hogar familiar, en una zona elegante de la Gran Manzana.
“Siento que es la primera vez que escribo una novela que ocurre en el presente. Los embargos suponen algo terrible, es la imagen de la crisis”, sostiene Auster.
Ahora, por la amenaza que se cierne sobre Miles, tras enamorarse de una menor de edad –Pilar Sánchez–, decide volver a su territorio. “Me gusta el nombre de Pilar”, subraya el autor.
Se cobija en una casa okupa.
Nueva York, Brooklyn, Manhattan. Tres referencias geográficas que adquieren relevancia esencial en la narrativa de Auster. “No en todos, pero en muchos de mis libros Nueva York tiene un papel relevante”, comenta. Así sucede en este relato.
Está pachucho. El escritor vive encerrado en su morada por una neumonía que le ha impedido viajar a España para presentar este nuevo trabajo. De entrada, no desborda optimismo, “aún tengo fiebre, no estoy seguro de que mejore”, que es como arranca esta conversación mantenida el pasado lunes, entre ataques de tos.
“Ella no quiere dejar Nueva York. Quiere continuar en esta inmensa, inhabitable ciudad tanto como pueda”. Ella es Alice Bergstrom, otra de las okupas. “Es una mujer inteligente”, apostilla su creador, que se va animando al entrar en materia. ¿Inhabitable? “Nueva York es un lugar difícil, especialmente si no tienes dinero. Si eres rico es muy bonita. Si has de luchar es extremadamente difícil”.
Su libro es un juego de contrastes. Los ricos Estados Unidos y el de los desheredados. La ciudad del glamur –el padre de Miles es editor; la madre, actriz; el padrino, escritor o alter ego de Auster–, y la otra, la de los que no pueden pagar el alquiler de un apartamento y cada vez se han de alejar más de aquella primera ciudad. “Miles ha crecido en el West Village, en un vecindario muy agradable, y ahora está en Sunset Park, ¿has ido alguna vez?”.
–Sí.
–“No es un lugar muy feliz. Es un sitio que no se acostumbra a visitar. Es pobre, sencillo, con muchos inmigrantes, donde la gente ha de bregar para salir adelante. No es una de las partes maravillosas de Nueva York. Miles se siente un tanto alienado”.
En uno de sus paseos, Auster descubrió una casa de madera, de ventanas y puertas selladas. El enclave ideal para desarrollar su proyecto. “Es el entorno donde resulta posible que alguien ocupe  una vivienda. Hay zonas de Nueva York donde hacer de squatter sería demasiado visible”.
Nada que ver, considera, con Park Slope, donde habita, en la que es su cuarta residencia dentro del concejo de Brooklyn, adonde llegó hace 31 años.
Su nombre se cita casi como sinónimo de Brooklyn, aunque reconoce que “lo elegí porque era más barato, no me podía permitir por más tiempo seguir en Manhattan”. No hace demasiado que hizo mudanza. Él y su esposa, la también escritora Siri Hustvedt, precisaban de una casa más grande. Estaban en Park Slope, en el entorno de la séptima avenida, y se fueron, como quien dice, a la acera de enfrente.
“Le dije a Siri que, si quería volver a Manhattan, por mí no había ningún problema. Cuando me conoció ella residía allí. Decidió que nos quedábamos”.
Se diría que Paul Auster ha ejercido de ariete. Que abrió las puertas del enclave a la numerosa llegada de la gente de la creación y la intelectualidad. De su ramo, recuerda a Norman Mailer, que residió en el vecindario hasta que se lo llevó la parca. De los veteranos cita a Paula Fox y, de los jóvenes, a Rick Moody, Jonathan Safran Foer, Nicole Krauss, Colson Whitehead o Jonathan Leaf, entre otros. “Prácticamente todo el mundo vive en Brooklyn, ja, ja”, bromea. “Se ha convertido en una especie de centro nacional para artistas. Ahora debe de haber más artistas aquí que en Manhattan”, prosigue.
Tal vez en esta elección influya la invasión de visitantes que sufre la Gran Manzana, desbordada por el éxito. “No creo que sea un declive”, responde. “De nuevo, todo es una cuestión de dinero –insiste–, hay mucha gente que no se puede permitir vivir en Manhattan. En Brooklyn pueden encontrar un buen sitio que salga por una cuarta parte de lo que resultaría al otro lado”.
Después de un respiro, continúa en su explicación. “A mí me gusta vivir en Brooklyn. Es un buen lugar para trabajar, para educar a tus hijos. En cambio, es mucho menos excitante que Manhattan, cosa que a veces echo de menos, las librerías, las galerías de arte. De todo hay menos en Brooklyn. Manhattan sigue siendo el cogollo cultural de Nueva York. Ahora viven allí menos artistas, pero la labor la desarrollan o la publican en Manhattan. A lo largo de la conversación admite, sin embargo, que el dinero no es la razón exclusiva a la hora de elegir la residencia. Lo asegura pese a que “no sé explicar muy bien el interés por Brooklyn. En Park Slope o en Williamburg no hay nada para ver, salvo el museo”.
Auster da una de sus claves personales. “Étnica y racialmente Brooklyn está mucho más mezclado. En un restaurante encuentras de todo, negros, indios, de todo. En Manhattan, en un buen local, sólo hay blancos”.
"Los escritores no debería hablar con periodistas"
Hablar con Paul Auster no es ningua tortura, aunque en "Sunset Park" haga decir a su alter ego que “los escritores nunca deberían hablar con periodistas”, y descalifica las entrevistas “como una forma envilecida de simplificación”. Al comentarle que sorprende que esto venga de un autor por lo general bien tratado, replica: “¿Esa frase es verdad, no?”. Que los periodistas ayuden al público a entender una obra, “depende del periodista”.
Fuente: La Vanguardia

12/01/2011

Mensaje especial

Imaginaria agradece a Fundación Telefónica de Argentina y su portal EducaRed el apoyo que nos ha dado desde mediados de 2003 hasta este último día de 2010. Gracias a ese apoyo mantuvimos el nivel de calidad y aumentamos el volumen de los artículos publicados.
Imaginaria seguirá adelante igual que hasta hoy, con los mismas personas que han venido escribiéndola y editándola desde los comienzos, allá por 1999.
Seguir leyendo:Mensaje especial


En: http://www.imaginaria.com.ar/?p=8665


10/01/2011

Murió la genial autora María Elena Walsh

El 10 de enero de 2011 falleció a los 80 años la reconocida autora argentina. Creadora de libros como Dailan Kifki y canciones como Manuelita la tortuga, su nombre está asociado a clásicos de la literatura, el teatro y la música atentos al mundo de la infancia.
María Elena Walsh nació en el barrio de Ramos Mejía (Buenos Aires), el 1 de febrero de 1930, y será velada en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), sita en Lavalle 1547.
Acceda a material biográfico elaborado por el Ministerio de Educación de la Nación.
Desde su primer libro, Otoño imperdonable (1947), su carrera y reconocimiento experimentó un crecimiento extraordinario: incluso sus obras fueron llevadas al teatro (Canciones para mirar, en el teatro San Martín) y al cine (Manuelita, de la mano de Manuel García Ferré).
Cabe mencionar que sus trabajos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, sueco, hebreo, danés y el guaraní. En 1991 fue galardonada con el Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (International Board on Books for Young People). Tambien fue nombrada Ciudadana Ilustre de la ciudad de Buenos Aires y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Para seguir leyendo: http://portal.educ.ar/debates/protagonistas/arte-cultura/murio-maria-elena-walsh.php

 

05/01/2011

Cómo manejarse con la nueva ortografía

Supresión de tildes, castellanización de palabras provenientes de otras lenguas, nuevos nombres para viejas letras, entre los cambios

Domingo 2 de enero de 2011 Publicado en edición impresa

Adrián Sack
Para LA NACION

MADRID.- La llegada de 2011 no sólo significó una vuelta de página para la historia, sino también para el uso del idioma español. A partir de ayer, las nuevas reglas y recomendaciones incluidas en las 745 páginas de la flamante edición de la Ortografía de la lengua española , editada en diciembre último por la Real Academia Española (RAE), comenzaron a regir y a generar, al mismo tiempo, dudas y polémicas sobre la necesidad de llevar a cabo esta muy comentada reforma.
No obstante, y ante el vendaval de críticas y objeciones recibidas desde la prensa ibérica, el propio presidente de la RAE, José Manuel Blecua, se esmeró en aclarar en los últimos días que la mayoría de las modificaciones anunciadas por los medios como "cambios impuestos" por esa institución no son más que "simples recomendaciones", mientras que las alteraciones más radicales "sólo obedecen a la consolidación de reglas" que en la edición anterior de la Ortografía , publicada en 1999 y con 577 páginas menos que la actual, presentaban alternativas en su empleo o aparecían como recomendaciones.
A pesar de las aclaraciones, en esa última categoría es donde aparecen los cambios más profundos.
Es el caso de las palabras "guión", "huí", "Sión", "truhán" o "fié", que desde ayer deben escribirse obligatoriamente sin tilde, a no ser que sean empleadas, como en esta nota, para dar cuenta de la modificación de la regla. Pero desde la RAE se insistió en que el uso de las nuevas formas prescindentes de acentuación ortográfica ya habían sido aprobadas 11 años atrás, por lo que tal supresión representa, apenas, la ratificación de una regla preexistente que no fue debidamente acatada tras su presentación.
De igual manera, la muy española tendencia a castellanizar los términos extranjeros -en especial provenientes del inglés- tiene, desde ayer, forma de ley.
Ya no será correcto escribir "piercing", "catering", "sexy", "judo" o "manager" si no se hace en bastardilla o cursiva, con el fin de remarcar su origen extranjero. Desde el primer minuto de 2011, sólo se puede escribir sin este recurso la forma adaptada al idioma español de estas palabras, es decir, "pirsin", "cáterin", "sexi", "yudo" y "mánayer". También sucede lo mismo con los nombres propios, donde Tchaikovski pasará a escribirse Chaikovski.
En la lista de las imposiciones más drásticas, también se hace notar la muerte de la tilde en la conjunción disyuntiva "o" cuando es escrita entre números, lo que originalmente se recomendaba para que la letra "o" no fuera confundida con el número "0". Pero ya no estará bien escribir "4 ó 5". La única forma aceptada será "4 o 5".
Además, ya no existen más los ex presidentes ni los ex maridos, aunque sólo nominalmente, porque luego de las modificaciones publicadas en la Ortografía de la lengua... , pasaron a ser "expresidentes" y "exmaridos". Tan sólo las expresiones compuestas, como alto comisionado o capitán general, podrán utilizar el prefijo "ex" en forma separada.
En cambio, y contrariamente a lo interpretado en un primer momento por varios medios internacionales, la supresión del acento ortográfico en el adverbio "sólo" y los pronombres "éste", "ése" y "aquél" no será obligatoria, ya que, tras arduas discusiones entre académicos, se decidió mantener el uso de ambas formas.
"A partir de ahora se podrá prescindir de la tilde, incluso en casos de doble interpretación", dice el texto, donde el "deberá" fue degradado en su rigor a un simple "podrá".
El empleo opcional de las modificaciones también se extiende a una de las reglas que más polémicas despertaron: el reemplazo de la "b" corta por la más castiza "uve" para denominar a la letra "v", o la desaparición del nombre "i griega" para designar a la "y", que la Docta Casa, fundada en 1713, prefiere llamar "ye" por resultar su uso "el único recomendado para todo el ámbito hispánico, por ser más simple y distinguirse directamente, sin más necesidad de especificadores, del nombre de la vocal i».
Frente a las controversias y resistencias generadas por la gran cantidad de modificaciones de las reglas incluidas en la nueva ortografía, que comprende la supresión en el alfabeto de la "ch" y la "ll", José Manuel Blecua, de 71 años, se esperanzó de que todos los cambios impuestos y propuestos "serán asimilados en cuanto se empiecen a enseñar en las escuelas", tal como sucedió con reformas anteriores.
"En cuanto eso se enseñe en la escuela, no habrá inconvenientes. El problema es para nosotros, para los que hemos aprendido así. A mí se me irá la mano en guión , es inevitable. Yo viví el cambio de fue, vio, dio, que antes se escribían con tilde. Pero la nueva generación no ha tenido ese problema", señaló el director de la RAE.
A partir de ahora, José Manuel Blecua será el encargado de demostrar que la nueva Ortografía de la lengua española no fue inspirada por el guion de un truhan, sino por el trabajo conjunto y consensuado de expertos y algún mánayer del idioma español en todos los países hispanohablantes.


 
En: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338084&origen=NLCult&utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLCult


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20/12/2010

La biblioteca tradicional, bajo la amenaza creciente de Internet

En diez años la fuente principal de información será electrónica, según un sondeo

Jueves 2 de diciembre de 2010 | Publicado en edición impresa 
 
Veronica Chiaravalli
Enviada especial

GUADALAJARA.- Aquí, en esta ciudad, el mismo futuro -aparentemente inevitable- que para algunos se cierne como una amenaza se abre para otros como un horizonte de posibilidades infinitas: las nuevas tecnologías digitales aplicadas a la conservación y difusión de la palabra impresa han generado en el corazón de la Feria Internacional del Libro más importante de la industria editorial hispanohablante cantidad de debates, conferencias, investigaciones y encuestas.
La inquietud, aunque declinada según el caso que afecte, es siempre una y bastante básica: ¿sobrevivirá la palabra impresa?; ¿hará lo propio la biblioteca tradicional?
Eso, en el fondo, es lo que se preguntan los editores de libros tal como los conocemos y los frecuentamos mayoritariamente hoy, es decir, en papel; los escritores, parte de cuya existencia está asociada al negocio editorial; los lectores, que tal vez deban cambiar de hábitos. Hay respuestas optimistas, cautelosas y pesimistas.
Durante el último fin de semana el Grupo Integra realizó una encuesta en la FIL, donde interrogó a 300 personas del público acerca del futuro de las publicaciones en papel y de las bibliotecas. Los resultados, en verdad, tienen poco de ese vértigo transformador que marea a quienes se aferran a lo conocido. Aunque el 89% de los consultados considera que dentro de diez años su principal fuente de información será electrónica, el 59% cree que para esa fecha el libro impreso todavía seguirá constituyendo el principal acervo de las bibliotecas, y esa misma cantidad de gente se imagina la biblioteca del futuro como un espacio físico donde se podrá consultar tanto información en papel como digital. Además, el 64% piensa que la gente seguirá asistiendo a las bibliotecas tradicionales (es decir, de libros impresos) y el 82% de este grupo augura que así será al menos durante los próximos diez años.
El tema ronda de una u otra manera cada encuentro de artistas o profesionales en la Feria. La escritora argentina Laura Devetach, a quien le acaban de entregar el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, dijo: "Vivimos en una etapa de cierto desasosiego frente a las nuevas tecnologías. Pero si nos tomáramos el trabajo de construir el campo intelectual, como deberíamos hacerlo, se podrían integrar ambos mundos. Yo vengo del papel y creo en la convivencia de lo nuevo y lo ya establecido".
Ricardo Piglia, que vino a presentar su última novela, Blanco nocturno, también reflexionó sobre el tema: "Aunque todo lo demás se haya acelerado, seguimos leyendo a la misma velocidad que se leía en la época de Aristóteles, no se ha inventado el chip que acelere la lectura. Esa temporalidad tiene que ver con el cuerpo humano. La defensa del libro no es una defensa arcaica; es la defensa de una temporalidad específica".
Las opiniones más vehementes hasta ahora han sido las del novelista colombiano (nacionalizado mexicano) Fernando Vallejo. En la segunda edición del "Forum Atlántida. La función social del editor", organizado por la FIL y la agrupación de editores catalanes, manifestó que la tecnología electrónica conlleva la muerte del libro, porque permite introducir cambios en los contenidos y, por lo tanto, manipular y modificar la obra del autor.
Irónico y con una calidez que desmiente su humor atrabiliario, Vallejo leyó una ponencia que levantó murmullos, aplausos y carcajadas en el público. "¿Qué va a ser del libro? -se preguntó-. Pues que su versión virtual, digital, lo va a acabar. Y no porque podamos pasar a un libro electrónico, con un clic, bibliotecas enteras sin pagar, que eso sería lo bueno, sino porque los libros electrónicos se pueden manipular, y al poderles cambiar uno la tipografía también les puede cambiar el texto, y eso es gravísimo. Por ahí va a empezar el acabose. ¿Se imaginan cuando a la canalla de Internet le dé por poner en un libro ajeno y firmado por otro las calumnias y miserias propias y lo echen a andar por el mundo? ¿Qué va a ser del autor?"
Y añadió: "En el libro manuscrito de antes de Gutenberg, y después en el impreso, también se podía manipular el texto, pero no era fácil. Pasar al pergamino o al papiro un libro manuscrito para después echarlo a circular con una falsedad tomaba mucho esfuerzo y mucho tiempo: meses, años. Y una edición impresa cuesta mucho. Pero ¡qué cuesta calumniar por Internet!

09/12/2010

Noche de escamas

Texto: Olga Appiani de Linares
Imagen: Alina Sarli Crónica de una fiesta súper “escafamosa”: el casamiento de la mojarrita Rita con el príncipe Dorado.








—Dígame, doña Mer-Luz ¿a usted también la invitaron al casamiento?
—Pues claro, don B’Sugo, igual que a todo el mundo acuático.
—No vaya a creer… Lito Cornalito me dijo que a los Tiburones no…
—¡Con sus modales, no me extraña! En el Gold Fish Palace no entra cualquiera. Y menos cuando se trata de una boda real ¿no le parece?
—¡Por supuesto! ¡Pero mire usted lo que son las cosas! ¡Quién hubiera dicho que la mojarrita Rita llegaría a princesa!
—Y sí… El príncipe Dorado perdió la cabeza por ella. Amenazó con colgarse de un anzuelo si no les permitían casarse. ¡Dicen que será una fiesta maravillosa! ¡Ya me imagino a los Pejerreyes con sus coronitas de plata, los tules de los peces de colores, la decoración de corales y perlas de Oriente! ¡Algo para no perderse! ¡Y qué invitados habrá!
—Flipper, el Delfín de la Océano TV, no faltará, lo sé de buena fuente… ¡También vendrá Al Atún, el galán de Escamas!
—¡Cómo se va a poner mi hija cuando se lo diga! Es de su club de admiradoras, ¿sabe?
—Y para recibir a la feliz pareja, habrá una guardia de peces espada al mando del Mariscal Anchoa.
—¡Lo que tendrá que trabajar Octavio Ochobrazos, el mayordomo, con tantas invitaciones!
—Como las anguilas encargadas de la iluminación, y las ostras del guardarropas…
—¿Es cierto que actuará Mireya Corvinarubia, la reina de la burbubalada?
—Sí, y el Coro de Sirenas Andersen y la Tun-Enlata-Fish Band. Para los chicos habrá peces payaso, caracoles malabaristas y carrera de enlatados. ¡Y hasta el Gran Calamargo, con sus actos de magia y escapismo a base de tintas multicolores!
—¡Don B’Sugo, lo dejo, todavía tengo que lustrarme las escamas, pintarme las aletas… y se me está haciendo tardíiiisimo…!
—Hasta luego, hasta luego. Pero créame, así está bellísima…
—¡Qué cosas dice, don B’Sugo! ¡Ya me hizo poner más roja que un camarón!
El pronóstico anticipa una noche sin anzuelos y el Gold Fish Palace está de perlas.
Un esturión bigotudo de la Embajada Rusa, sueña en conquistar a Fina Sardina, amiga de la novia.
Unas truchas de los lagos patagónicos charlan a branquia batiente con sus primos canadienses, los Pinksalmon, mientras los Caballeros de la Langosta baten pinzas, seducidos por Mireya y sus canciones. En la pista, un paso para adelante, dos para atrás, bailan cangrejos enamorados.
Doña Mer-Luz, reluciente, comenta que el Rey Neptuno prometió venir con toda su corte de sirenas y tritones.
Un electrizante rumor de aletas recorre las aguas: ¡ya llegan los recién casados! ¡Se entrechocan las espadas, relinchan los caballitos de mar, suenan las caracolas! Y don B’Sugo y doña Mer-Luz se miran y piensan: “¡No hay duda, esta será una fiesta súper escafamosa!”.

En: http://www.educared.org.ar/enfoco/imaginaria/biblioteca/?p=1740

Gracias Olga!!
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