10/12/2011

La reedición por el 20 aniversario de “Achtung Baby”

 Escenarios - 06/12/11

Un dolor punzante en el estómago

La reedición por el 20 aniversario de “Achtung Baby”, Punto de inflexión en la carrera de la banda U2, confirma Al álbum como la alegoría de una ciudad y, al mismo tiempo, una reflexión desgarrada sobre enamoramiento.

POR Luis Diego Fernandez

"Estoy preparado para el gas hilarante, estoy listo para lo que venga”, dice Bono Vox al inicio de Achtung Baby. El líder de U2: paladín de cuero negro, guasón travestido con enormes lentes negros –The Fly–: primera y última gran rockstar posmoderna. A veinte años de su lanzamiento y ante una reedición en formato doble: ¿qué fue Achtung Baby de U2, además de su mejor y más perdurable obra? ¿Cómo leerlo? Quizá la última ópera pop que canta un amor ultrarromántico con altas dosis de perversión y locura. Otro intento: reflexión geopolítica en el Berlín pos caída del Muro: nostalgia tecno y relectura del rock industrial, escapando de un exceso de salmos y blues de redención luego de The Joshua three (1986) y la gira mundial Rattle & hum .

Un logro lascivo de Achtung Baby fue el transformar la carrera de diez años – Boy, 1980– de una banda signada por el rock épico y las baladas potentes y melancólicas, en clave irish catholic, en un artificio absolutamente perfecto. Pero lo nuevo, sabemos, debe volver al pasado de modo alegórico para reconformarse: todo misticismo sólo puede salir de sí transvalorando su religio en una ascesis estética total: dandismo, así siempre lo fue en el siglo XIX. Bono salta del papado pop a un dandi cínico y paródico que camina por Potsdamer Platz fumando habanos –panetelas pequeñas– y cantando a su musa perdida: del purpurado vaticano a un flaneur sardónico.


Bono compuso 12 canciones perfectas –incluyendo “One”, himno de la banda– enlazadas como lamento hacia la mujer que ya no está. Sinfonía de amor que no evade la perversión tan bien retratada por las fotografías de Anton Corbijn en el booklet y el arte de tapa –los U2 desnudos y travestidos, expresionismo barroco y estética de cabaret berlinés, cultura de Weimar y burlesque. Bono es mártir y vedette : su ultrarromanticismo también se profana en los pasajes benjaminianos de la centroeuropa en ruinas. En su momento, Brian Eno, músico y productor del disco, definió la obra con ciertos adjetivos gráficos: “bizarro, oscuro, sexy , industrial, dulce, decadente, caótico y optimista”. Eno y Daniel Lanois –el otro del tándem productor– hicieron catar a los irlandeses sabores poco conocidos para su paladar.
Achtung Baby dialoga con el cine de Wim Wenders –los U2 son musicalizadores habitués de sus road movies globales– y con la literatura meditativa de Peter Handke.
Achtung Baby responde, sin saberlo, a la fisiología estética vital de Nietzsche y la lectura del “Angelus novus” de Paul Klee por parte de Walter Benjamin.


Achtung Baby es la continuidad lógica de Berlin (1973) de Lou Reed y de la trilogía alemana de David Bowie – Heroes, Low y Lodger, 1977 a 1979 – también producida por Brian Eno. ¿Y hoy? En gran medida, Born this way (2011) de Lady Gaga “reproduce” y se apropia del sonido dance e industrial alemán con pizcas de rock de carreteras, sólo que la pregunta ya no es: ¿qué es el amor?, sino: ¿qué es la sexualidad? –más o menos lo mismo. De Achtung pasamos a Scheisse: los términos alemanes melancolizan: atención, nena, la mierda. Es decir, todo es corruptible.
Acthung Baby también operó como una suerte de enciclopedia irónica de la historia del rock: desde Elvis y los Beatles a los Sex Pistols, desde Hendrix a Michael Jackson y Prince: algo de esto podemos ver en videoclips como “Even better than the real thing”, (obra maestra del género) pero sobre todo en ese show dantesco y mediático como fue la gira Zoo TV Tour : Bono haciendo zapping en vivo y llamando por teléfono a stars.
Compendio de la plasticidad y gestualidad: Bono, en su cúspide de lucidez, supo jugar un gran póker como místico reconvertido en petimetre satánico –recordar a McPhisto, su otro avatar de Zooropa – de cuño baudelaireano y protagonista de la canción alusiva de Batman forever (1995), el murciélago decadente de Joel Schumacher. Lo certero provoca: las líricas oscuras, densas, introspectivas, heridas, se exhibían, paradójicamente, de modo impúdico frente a lo catódico y el rock de estadios. 


Achtung Baby fue el disco más exitoso de U2: el séptimo de la banda, vendió 18 millones de placas en todo el mundo, ganó un Grammy, y se lanzó el 19 de noviembre de 1991. Música agridulce que sólo pudo salir de un zeitgeist: el Berlín reunificado finisecular. U2 leyó de modo impecable dónde posicionarse en las vísperas de la “autenticidad” grunge: el artificio de la individualidad heroica del dandismo era el territorio inmejorable.
Berlín, la ciudad. El lazo a la mujer y femme fatale amada con igual obsesión que odio, la alegoría perfecta. “Sos un accidente a punto de suceder”, dice Bono, luego, “pudimos dormir sobre piedras, ahora nos mentimos entre suspiros y jadeos”. El ultrarromanticismo exacerbado tiene su reverso en la carne más pura: el semen derrochado. La epifanía se daba de modo circular, como un eterno retorno nietzscheano : Bono dijo que todas las letras del disco estaban escritas desde “la sangre y las tripas”. ¿Acaso existe otra forma de padecer el enamoramiento que no sea con un punzante dolor de intestinos?


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