18/07/2011

Debaten por qué a los chicos les cuesta tanto escribir sin faltas

26/06/11
El lenguaje de chats y las diferencias socio económicas afectan el aprendizaje.

Por Leyla Mesyngier, ESPECIAL PARA CLARIN

La dificultad para aplicar las reglas aprendidas a los textos, la colocación de tildes en las palabras, el uso de celulares y chats y las diferencias socioeconómicas son algunos de los problemas que enfrentan los alumnos de escuela primaria en el proceso de aprendizaje de la escritura.
En una evaluación sobre caligrafía y ortografía realizada por la Unesco, la Argentina obtuvo una de las peores notas en relación a los desempeños de alumnos de tercer y sexto grado de América Latina: los estudiantes cometieron un error cada 10 palabras y presentaron dificultades a la hora de mostrar su caligrafía manual en un texto.
“En los últimos tiempos nos hemos vuelto muy pragmáticos, utilizando diversas estrategias. Sabemos que los chicos aprenden de distinta manera: mientras algunos al leer registran y se acuerdan por haber leído, otros necesitan escribir la palabra para retener su ortografía”, explica Cristina Carriego, doctora en Educación de la Universidad de San Andrés y vicedirectora del colegio Pestalozzi.
Otra de las cuestiones clave es “trabajar la conciencia de la posibilidad de error. Lo importante es que los chicos al llegar a escribir un sonido parecido –como la c, la s o la z–, se pregunten y tengan conciencia de que hay más de un camino a seguir y no todos son correctos”, argumenta Cecilia Cancio, licenciada en Ciencias Pedagógicas.
Si se piensa la alfabetización como construcción, los alumnos pasan por diversas etapas en las que la manera de escribir va transformándose de lo auditivo a la aplicación de las reglas. Los estudiantes de primer grado, por ejemplo, escriben “moscito” en lugar de mosquito. “En segundo grado ya no se ve” el mismo error, apunta Carriego.
El uso del lenguaje de los mensajes de texto y del chat también influye en las dificultades de aprendizaje. A los alumnos de quinto o sexto grado muchas veces “les cuesta diferenciar que en un texto académico, en una carta o un cuento no pueden poner la q con apóstrofe para reemplazar la palabra que”, explica la docente Cristina Ashardjian. Lo mismo ocurre con el uso del procesador de texto. “Influye mucho la utilización de la tecnología porque los chicos argumentan que lo que escriben se entiende igual”, agrega la docente.
Los mismos que pueden escribir muy bien en un espacio formal, se descuidan en espacios más informales: no usan tildes ni mayúsculas y abrevian palabras. “Entienden las diferencias pero no las aplican”, sostiene Cancio.
Por último, las especialistas reconocen que las diferencias de recursos socioeconómicos también se presentan como dificultades a la hora de aprender a escribir. “Inicialmente el aprendizaje de la escritura ortográfica tiene una fuerte relación con el nivel socioeconómico y el capital cultural de las familias”, asegura Carriego, quien como tesis doctoral analizó cuatro escuelas primarias de la Ciudad de Buenos Aires a través de una evaluación escrita a los alumnos de segundo grado.
Sin embargo, instituciones con un estatus similar “pueden generar mayor o menor valor agregado en el aprendizaje”, especialmente considerando que el conocimiento de la ortografía “requiere de procesos de enseñanza explícitos”, continuó Carriego. “Esto marca la importancia de la escuela, de lo que pasa en el aula y de las condiciones institucionales que deben compensar las diferencias de capital social y cultural”.
“En las escuelas públicas con poblaciones de menos recursos hay mucho para trabajar, mucho por hacer y se pueden lograr grandes cosas. Los chicos tienen capacidad de aprendizaje, a algunos les costará más pero se puede”, concluye Ashardjian.


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15/07/2011

Adoro el papel y la lapicera... Escrito a mano



                                                                                                  
 

Por Guillermo Jaim Etcheverry

Noticias de Revista:
Domingo 27 de setiembre de 2009 | Publicado en edición impresa

   ¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas. Cuando se emplea una lapicera, en general se lo hace para escribir con letra de imprenta. Stefano Bartezzaghi y María Novella de Luca, periodistas italianos interesados en el tema, se preguntan si la preocupación por el ocaso de la escritura cursiva responde a la nostalgia o constituye una emergencia cultural. Muchos expertos se inclinan por la última alternativa. En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros. Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.
    En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras. Por su parte, el escribir en letra de imprenta, alternativa que se ha ido imponiendo, implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.
    Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros. Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Es ilógico suponer que la tendencia actual se revertirá, pero al menos los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo. Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta.
    Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere. En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva. Muchos escritores, habituados a escribir en un teclado, desearían a veces volver a realizar incisiones en una tableta de arcilla, como los sumerios, para poder pensar con calma. Eco propone que, así como en la era del avión se siguen tripulando barcos a vela, sería auspicioso que los niños aprendieran caligrafía, para educarse en lo bello y para facilitar su desarrollo psicomotor.
    Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia. Y, sí -admite su autora, Claire Suddath-, tal vez seamos algo más perezosos. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer". Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo. 


revista@lanacion.com.ar
El autor es educador y ensayista
En: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1179383

12/07/2011

"El libro tiene un brillante porvenir"

Lo dijo el editor francés Gallimard en una entrevista; plantea la necesidad de tener legislación contra la piratería

Lunes 04 de abril de 2011 | Publicado en edición impresa


Juan Cruz
El País/GDA
PARIS.- Hay un barco en miniatura en algún lugar del espléndido despacho que tiene Antoine Gallimard en la editorial que su abuelo Gaston fundó hace ahora un siglo.
Están, también, los libros de la Pléiade, la colección intachable de clásicos de esta editorial "que condiciona el juicio literario francés", como recoge Pierre Assouline en su monumental biografía del fundador. Y está, claro, la atmósfera que el mismo Antoine, al frente de este transatlántico de la cultura europea, ha creado para seguir haciendo de Gallimard un faro editorial del siglo XX dispuesto a surcar una navegación dificilísima, la de los retos oceánicos del siglo XXI. El está dispuesto, dice. Ante este marinero nos sentamos, en ese despacho sobrio desde cuyas paredes nos mira la Pléiade.
- ¿Cómo ve un gran editor el porvenir del libro?
-No hay grandes editores, sino, simplemente, editores, ya sean grandes o pequeños. No me preocupa el lugar del libro en el futuro. Estoy seguro de que seguirá siendo extremadamente importante. El libro digital, lejos de suponer el fin del libro, es una nueva oportunidad para éste. Un libro no es simplemente una alineación de caracteres, una maquetación, unos capítulos, y el libro digital no hace más que añadir un cuerpo nuevo, un peso nuevo al libro tradicional. El libro digital, como la fotografía, permite una gran flexibilidad: diferentes formatos, reimpresiones limitadas. Por lo tanto, es una oportunidad para enriquecer el catálogo y mantener los libros vivos. Creo que el porvenir del libro depende a la vez de los editores y de los autores. Es un oficio que surge del afán de compartir, a través del libro, universos secretos. Vargas Llosa lo dijo muy bien en su discurso del Nobel: "Cuento historias para hacer que la vida sea mejor". Siempre necesitaremos historias para mejorar la vida. Por eso creo que el libro tiene un brillante porvenir.
- ¿Es optimista desde hace tiempo? ¿O desde el momento en que todo el mundo ha empezado a ser pesimista?
-Hay que ser voluntariamente optimista. Lo que más me ha preocupado en los últimos años no ha sido la aparición del libro digital, sino una nueva manera de buscar satisfacción en las comunidades adolescentes, que han sumado al tiempo dedicado a la televisión toda una plétora de actividades y prácticas sociales en Internet, de manera que cada vez disponen de menos tiempo para leer.
- La música y el cine se han visto gravemente afectados por la piratería. ¿Considera que el mundo del libro está mejor equipado para luchar contra ella?
-El libro está mejor armado que la música porque, por naturaleza, no es tan inmaterial. El libro alcanza a más sentidos: el tacto por el formato, el olor del papel, la vista... Y su intermediario histórico es el librero. En Francia tenemos la suerte de seguir contando con muy buenos libreros, al contrario que en el Reino Unido, por ejemplo, donde el librero ha desaparecido... El mundo de la música nunca se dio cuenta del peligro, pero el libro ha llegado más tarde que la música al mundo digital.
-Hay un sector que considera que la cultura debe ser gratuita.
-Sin duda. No sólo en Francia, en todas partes.
-¿ Y cómo se puede luchar por el libro en el medio digital?
-Es importante construir un marco legislativo que permita sostener el mercado. Si los editores dejan de pelearse entre sí por el precio del libro, se puede crear un mercado capaz de instalarse. Hasta ahora, la política comercial la han dirigido, sobre todo, las grandes superficies, como la FNAC (líder europeo en la distribución de productos tecnológicos y culturales). Los editores deben ganar mayor presencia en la política comercial. Y el gobierno europeo debe acordar, de una vez por todas, medidas tan duras contra los servidores de acceso respecto a la piratería como, por ejemplo, respecto de la pedofilia. Aceptar el hecho de que la piratería existe y penalizarla. Cosa que hará; es una cuestión de tiempo.
- ¿Cree que la opinión pública europea está preparada para asumir medidas tan impopulares?
-No, creo que todavía es pronto. Pero creo que lo hará en los próximos 20 años.
- ¿Cuál es su percepción, como editor tradicional, del mercado del libro digital?
-Nuestra experiencia en este sector es muy limitada. En Estados Unidos, el mercado digital empieza a ser importante. En Francia, por ahora, supone menos del 1%. Encontramos en él muy poca literatura, y apenas libros de arte. Sin embargo, hemos digitalizado nuestro catálogo para que las obras estén más disponibles, lo cual nos facilita también la capacidad de reacción a la hora de editar. En 2007 se instaló en Estados Unidos la primera máquina pública de "libro expreso", que permitía al usuario la impresión y encuadernación "a la carta" de un libro en cuestión de minutos. Sin duda, el libro digital facilita muchas cosas; por ejemplo, las devoluciones de las librerías suponen una gran dificultad para el editor, pero el libro digital soluciona el problema del almacenamiento.
- Puede ocurrir que, como en las películas de Hitchcock, nos estén desviando con las preocupaciones digitales de otros asuntos cruciales del mundo del libro...
-El libro digital nos preocupa porque puede suponer, sobre todo, la desaparición de los intermediarios naturales entre el lector y el autor. Y se teme que esto arrastre toda una conmoción. Que ya no haya necesidad de editores ni de libreros. Creo, al contrario, que puede producirse un retorno a ciertos valores tradicionales, un rechazo a la idea de que nuestra vida gira en torno al dinero, del mismo modo que existen movimientos de reacción contra la comida rápida o contra el consumismo compulsivo.
DE HÁBITOS COTIDIANOS A OBJETOS DE CULTO Las firmas de los escritores
En las ferias de libros pueden formarse largas filas de lectores, con ejemplar en mano, que pacientemente esperan una dedicatoria de su autor. Y ese libro firmado luego tiene un valor insustituible. ¿Qué firmarían los autores del futuro?
Para los románticos: secar flores entre sus páginas
Esa flor que un amor adolescente nos regaló a la salida del colegio probablemente terminó entre las páginas de un libro, como un precario método de conservación. El resultado es algo así como unos pétalos verdosos, unas páginas manchadas y un libro arrugado. Ah, y probablemente, el nombre de quien la regaló en el olvido.
Las notas en los márgenes
Tomar un libro y encontrar anotaciones manuscritas en los bordes de las páginas significa que alguien ya pasó por él, leyó lo mismo que uno y quizá experimentó algo parecido. Si las notas son propias, sirven como testimonio del ‘yo’ de tiempos anteriores.

En: http://www.lanacion.com.ar/1362653-el-libro-tiene-un-brillante-porvenir?utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLCult

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06/07/2011

Un diccionario de la lengua más antigua

Posee 28.000 términos del acadio y los 21 tomos se pueden descargar gratis de Internet


Martes 14 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa

NUEVA YORK (The New York Times).- Luego de 90 años de trabajo continuado, académicos de la Universidad de Chicago finalmente concluyeron un diccionario de 21 tomos de la lengua de la Mesopotamia antigua y sus dialectos babilonio y asirio, que no se hablan desde hace 2000 años y se conservan en tablas de arcilla e inscripciones sobre piedras.

Es la lengua con la que Sargón el Grande, rey de Akad, comandó, en el siglo XXIV a.C., la formación de lo que se considera el primer imperio del mundo, y que Hammurabi utilizó alrededor del 1700 a.C. para proclamar el primer código de leyes conocido. Es el vocabulario del poema épico de Gilgamesh, la primera pieza maestra de la literatura mundial. Nabucodonosor II habría utilizado esas palabras para calmar la nostalgia de su esposa por la tierra donde había crecido, con la promesa de cultivar los Jardines Colgantes de Babilonia.

Anteayer, en una conferencia de prensa, un grupo de historiadores, arqueólogos y especialistas en lenguas semíticas antiguas analizaron la importancia de este nuevo diccionario, que Gil Stein, director del Instituto Oriental de la universidad, consideró "una herramienta de investigación indispensable para quien quiera explorar los registros escritos de la civilización mesopotámica".

Jerrold Cooper, profesor emérito de lenguas semíticas de la Universidad Johns Hopkins y que participó en varias etapas de la investigación desde los años 60, opinó que el diccionario le abre a la ciencia "el período más rico de la escritura cuneiforme". Se refería a la escritura que inventaron en el 4000 a.C. los sumerios, en la Mesopotamia.

El diccionario, con 28.000 palabras y sus distintos significados, abarca el período entre el 2500 a.C. y el 100 d.C.

Cuando James Henry Breasted, fundador del Instituto Oriental, comenzó el proyecto, en 1921, gran parte del material escrito a mano se atribuía a los reyes asirios. Además, las referencias bíblicas daban la impresión de que el término "asirio" era sinónimo de la mayoría de las lenguas semíticas antiguas. Actualmente, se sabe que esa lengua básica es el acadio.

Y el diccionario es más una enciclopedia que un glosario conciso de palabras y definiciones. A muchas palabras con significados múltiples y asociaciones históricas les siguen páginas de información que incluye desde la literatura, las leyes y la religión hasta el comercio y la vida cotidiana. Hay, por ejemplo, 17 páginas sobre la palabra "umu", que significa "día".

El llamado Diccionario Asirio de Chicago cuesta 1995 dólares; cada tomo, entre 45 y 150 dólares. También se puede descargar online gratis de oi.uchicago.edu/research/pubs/catalog/cad

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02/07/2011

Estimulan el aprendizaje los libros para jugar

Marcela Platero
Para LA NACION


Domingo 26 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa

Para los niños se debería buscar un equilibrio entre los cuentos clásicos y los más interactivos. Los libros de cuento tradicionales poseen un inocente encanto, que al igual que la tradición de los reyes magos se transmite de padres a hijos o de abuelos a nietos, en los que está permitida, incluso, la complicidad de la mentira.
Los libros de cuentos interactivos, innovadores, que brindan a los niños herramientas o disparadores para armar sus propios cuentos sirven de gran estímulo para desarrollar un pensamiento creativo, buscar estrategias para resolver situaciones, elaborar la información que se recibe del medio teniendo que dar una respuesta adecuada o no (diferente, imaginativa).
Desde la neuropsicología del aprendizaje, este tipo de libros permite trabajar varias funciones cognitivas o funciones superiores cerebrales como son el razonamiento práctico, el lenguaje expresivo oral y escrito, la comprensión, el procesamiento de la información, siendo imprescindible trabajar todas estas funciones para el desarrollo de la inteligencia.

Psicopedagoga especialista en neuropsicología del aprendizaje

En: http://www.lanacion.com.ar/1384516-estimulan-el-aprendizaje?utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLCult 

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29/06/2011

Crece la moda del libro para jugar

La literatura infantil incorpora objetos y tecnología que permiten a los chicos realizar múltiples actividades
Domingo 26 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Julieta Molina
LA NACION
 
Crece la moda del libro para jugar
Hace treinta años, la generación que hoy es adulta se emocionaba cuando al abrir un libro se formaba la cara de, por ejemplo, un león, con dos cartones que hacían ángulo y conformaban una figura de unos cinco centímetros de altura. Es lo que se llama un pop-up. Hoy, sus hijos también leen libros con pop-ups: son articuladas piezas de ingeniería en papel que llegan a los 40 centímetros de alto, compuestas por decenas de pequeñas piezas. Pero también tienen mucho más. Incorporan tecnología, y son interactivos. Es una clara tendencia: los libros para niños ya no son lo que eran.
"Un libro para jugar, un juego para leer" se lee en Los super premios, de Pablo Bernasconi. Esta afirmación resume la concepción de los libros infantiles del siglo XXI, donde un texto es acompañado de otras actividades que permiten que los niños interactúen con el libro. "Es una tendencia mundial desde hace dos o tres años; el libro es un libro juguete", afirmó Luz Enríquez, directora de la editorial El Ateneo.
"Los chicos ahora tienen muchas más inquietudes, no se conforman con el cuento clásico, están acostumbrados a hacer muchas actividades en poco tiempo", detalló Mariana Teper, mamá de Manuel, de 4 años. "Además, con los libros clásicos la actitud de los chicos es pasiva, sólo escuchan. En cambio, cuando la historia demanda su participación, porque tienen que recortar o responder a alguna pregunta, las actividades son más prolongadas y la atención también", agregó.
La oferta en libros para niños asombra a quienes hace rato dejaron atrás la infancia. En los estantes de las librerías puede verse un teclado de piano para recrear la melodía detallada en un pentagrama, globos e inflador, arcilla para hacer figuras y hornearlas, botones que relatan un capítulo, que emiten música, sonidos o que detallan consignas por realizar; pizarras donde se pueden reproducir los dibujos enseñados; imanes, papeles para realizar un origami, telares, muñequeras con "dispositivos de poder", lectores mágicos que leen los cartuchos que narran cuentos, rompecabezas, títeres de dedo, herramientas de búsqueda, cohetes de goma, tijeras, paños y pompones, proyectores, CD y muchas cosas más. Todos, dentro de un rango de precios que va desde los $ 40 a los 180.
"El desarrollo tecnológico de Oriente permite que se editen libros en texturas como cartón, goma eva, plástico o telas. Además, los producen a gran escala, lo que incide en los costos que son muy bajos. Vienen con pilas e incluyen cualquier material, el pollito se realiza con plumas, el perrito con felpa, cualquier cosa", afirmó Enríquez.
Gloria Rodrigué, dueña de la editorial infantil La Brujita de Papel, explicó: "Tanto chicos como grandes hoy hacemos todo a la vez. Los niños juegan con muchísimos elementos: libro, computadora, tablets , juguetes, van de uno al otro, y manejan todo con una rapidez impactante". Por su parte, Mariana Teper afirmó: "Creo que antes sólo se estimulaba el hábito de la lectura y ahora los libros abarcan muchas otras áreas. En un mismo cuento, hay actividades plásticas, juegos, cosas coleccionables".
Camila Frías, encargada del sector infantil de Distal Libros (sucursal Cabildo), detalló: "Los juguetes están caros y la gente prefiere comprar los libros interactivos, que acercan a los chicos a la lectura y también les brindan juegos y actividades".
Según explicaron los representantes de las editoriales, China es el país que encabeza la producción de libros y la mayoría de los que se ofrecen aquí provienen de ese país. Le siguen España, Inglaterra y Estados Unidos. La Argentina queda muchos lugares por debajo en esa lista y los que aquí se editan poseen ilustraciones y no los elementos complejos mencionados. Un excelente lugar para observar la vanguardia editorial será la 21a Feria del Libro Infantil y Juvenil, que se realizará en el Centro de Exposiciones de la ciudad, desde el 11 al 30 de julio.
"Para abaratar costos se realizan coediciones internacionales y cada país manda su texto en su idioma. Las imágenes se mantienen y luego se agregan los textos en negro. Así pueden realizarse con siete idiomas y tiradas de hasta 30.000 ejemplares", detalló Rodrigué. "En la Argentina, ha habido muchísimos avances, pero aún no tenemos ni la tecnología ni la capacidad de producir grandes cantidades", agregó.
Es evidente que los estímulos que reciben los niños con este tipo de libros distan mucho de los que generaban los de antaño. Por la variedad de ofertas como la computadora, consolas de videojuegos, películas y dibujos animados, los libros infantiles se adaptan y evolucionan para no perder terreno. "El libro no va a desaparecer, pero a partir del desarrollo tecnológico va a ser cada vez más interactivo y complejo", pronosticó Rodrigué.
En: http://www.lanacion.com.ar/1384515-crece-la-moda-del-libro-para-jugar?utm_source=newsletter&utm_medium=titulares&utm_campaign=NLCult

05/06/2011

Nuevos temas ganan espacio en la literatura juvenil

Los clásicos de ayer y de hoy / Cambios en las preferencias

Escritores y docentes respaldan que los chicos accedan a una gran variedad de textos y autores

Domingo 05 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
 
Alejandra Rey
LA NACION
Los tiempos cambian. Los adultos que se ufanaban de poder recitar de memoria los versos de La cautiva , de Esteban Echeverría, son, acaso, los mismos que ahora ven que sus hijos no tienen mucha idea de quién es el autor ni de la época en la que le tocó vivir. Sí, en cambio, esos chicos pueden contar largamente las peripecias del mago Harry Potter, de los habitantes de Narnia, de la propia Natacha, de Luis Pescetti, o de algún vampiro joven y atractivo que no es tan malo como Drácula.
¿Está bien o está mal que los chicos y jóvenes desconozcan lnos clásicos de sus mayores? La respuesta a esa pregunta fue unánime en todos los entrevistados por La Nacio: no está ni bien ni mal, lo que ocurre es que los clásicos de la niñez y la adolescencia cambiaron, mutaron por otros que les hablan a nuestros hijos de temas más actuales que el Mío Cid. Y que pueden convivir con aquellos títulos como Platero y yo, Juvenilia, herencia de otras generaciones.
Guillermo Martínez, uno de los escritores más leídos por grandes y chicos, es tajante a la hora de responder. "Creo que el colegio secundario debe servir de introducción a toda la literatura. Para esto una condición indispensable es que lean muchos libros, no menos de 100 a lo largo de los cinco años, fácil de lograr si toda hora libre se transforma en hora obligatoria de lectura".
Esto ocurre en varios colegios privados del país: una vez a la semana tienen "Biblioteca", donde los chicos del primario y secundario leen y comparten historias y libros guiados por un profesional, y comienzan a descubrir a autores como Lewis Carroll ( Alicia en el País de las Maravillas ) y el siempre vigente Chesterton.
"Me parece que cualquier selección de literatura para adolescentes debería incluir la dimensión del sexo, de la novela de aventuras, de la novela filosófica, de ideas, incluso de la novela romántica", dice Martínez.
La escritora Liliana Heker cuenta que el Quijote fue para ella una tortura durante el secundario, y se pregunta quién les propone a los chicos los textos para leer y cómo. "Un maestro no puede comunicar a sus alumnos la pasión por la lectura si él mismo no conoce esa pasión. Antes que preguntarse si un alumno de primer año está en condiciones de leer a Borges, uno debería saber si el docente lo lee y lo disfruta, si sabe y quiere comunicar con pasión ese disfrute y si, aun en ese caso, está preparado para que varios de sus alumnos le digan que Borges no les gusta, que tal vez prefieren a Arlt, Cortázar, Abelardo Castillo o Roberto Fontanarrosa. ¿Por qué no? La lectura es, ante todo, un acto de libertad."
Heker defiende los cinco tomos que acaba de publicar y regalar a las escuelas públicas de todo el país el Ministerio de Educación. Y también el compendio de 300 libros, donde los docentes podrán leer una especie de resumen del libro que se sugiere y de autores que van desde Paul Auster hasta Vinicius de Moraes, pasando por Norma Huidobro e Isidoro Blaisten.
Entonces la pregunta es saber qué puede atraer a los chicos, como a los mayores los atraía de adolescentes Julio Verne, por ejemplo. "En esta época hay temáticas que atrapan: el misterio, el suspenso, el amor, la aventura, la ciencia ficción, las relaciones entre pares y entre padres, el divorcio, la droga, la anorexia y la bulimia, la violencia, la falta de afecto, el abandono. Y hay buena literatura sobre estas temáticas", dice la profesora de letras Susana Itzcovich.
Especializada en el tema, Itzcovich propone incentivar la lectura con soportes como el cine o la historieta. "Si luego el chico decide leer el original está bien, pero lo importante es que lea una versión en otro medio. Hay mucho cine basado en autores clásicos. ¿Por qué no utilizarlo?".
Inés Herrera de Flamenco dicta Prácticas del Lenguaje a chicos de 12 y 13 años en el colegio San Luis de Victoria. Fue maestra de la nieta de Costa Gómez, uno de los protagonistas de Shunko , de Jorge W. Abalos, libro que ella sigue enseñando, aunque no esté sugerido en los programas. "Es que ese libro habla de los valores, de la aceptación del otro", dice.
Si bien los clásicos aún son publicados por las grandes editoriales, suelen ser caros, y los padres, apremiados por problemas económicos, prefieren ediciones baratas, sin prólogos explicativos ni pies de páginas, que no cuestan más de 10 pesos. "La cuestión clave es que los chicos logren ver dentro de la literatura todos los mundos posibles y tan diversos que pueden encerrar los libros. Yo incluiría a Henry James, Borges, Kafka, Italo Calvino, Cortázar, Arlt, Piglia y Castillo en la escuela", apunta Martínez.
Es decir, nada es blanco o negro. "Los clásicos van y vienen, y en eso tienen mucho que ver los mayores y lo que leen -dice-porque los chicos los retoman", dice Pablo Medina, de La Nube, esa fantástica biblioteca que alberga, en el barrio de Chacarita, más de 60.000 volúmenes.
Es que en la literatura hay joyas que esperan que los chicos entren en ese mágico e inagotable mundo de la ficción contada con letras grandes.


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15/05/2011

Pescetti y su humor

Tom Sawyer le gana al Principito, al menos eso es lo que sostienen los varones para pelearse con las chicas, porque todos entendieron que la maestra les había dado lecturas "que ganaba el que elegía una". Los varones, inspirados por las aventuras de Tom, salen a buscar territorios inexplorados, horizontes y peligros. Las chicas, emocionadas con el Principito, dibujan, bailan y cantan en honor al heroico personaje, y se preguntan "si conviene como novio, con tanta gente que abandonó". Lo que comienza como una tarea escolar se transforma en una pelea de bandas, en la que cada cual defiende su libro: el Principito es mejor porque domestica animales, Tom es un ídolo porque logra que sus amigos le hagan la tarea... y así sigue el curso entero, con más competencias, tareas prácticas para la escuela convertidas en ir a remar al río y que "el río no les haga caso"... Y todo lleva a que las chicas se sientan imprescindibles para salvar a los chicos de "un peligro que se meten por ir sin ellas".

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04/05/2011

Para leer a Paul Auster

La generación que siguió al 11-S

Joyce Carol Oates, una de las mayores narradoras de los Estados Unidos, analiza “Sunset Park”, la nueva novela de otro grande de la literatura estadounidense actual. La obra es a la vez una comedia melancólica y una alegoría pesimista de la bancarrota espiritual de jóvenes derrotados por la realidad.

POR Joyce Carol Oates

De los géneros literarios, ninguno ha florecido de manera tan diversa y maravillosa en las últimas décadas como la memoria – no las memorias de vida o la autobiografía, más aburrida, estática, cronológicamente determinada, sino la memoria de crisis, lírica, en general breve, sumamente individualizada, entre las que destacan Esa visible oscuridad (1990) de William Styron, Las cenizas de Angela (1996) de Frank McCourt, y El año del pensamiento mágico (2005) de Joan Didion; y de éstas, ninguna compuesta de manera más bella y sucinta que La invención de la soledad (1982) de Paul Auster, escrita luego de la impensada muerte de su padre en 1981.
Más tarde, a lo largo de una carrera que abarca quince novelas, seis obras de ensayo, una colección de poesía, guiones y libros editados, Paul Auster pasó a ser conocido sobre todo por su ficción posmodernista atípicamente enigmática, muy estilizada, en la cual los narradores rara vez son otra cosa que poco confiables y la base argumental cambia continuamente. La invención de la soledad es sin embargo notable por su evocación franca, honesta, sutil de la pérdida filial seguida, no por la pena profunda – al menos no la pena profunda convencional – sino por el aturdimiento de una incapacidad de llorar y la determinación estoica de conocer a Samuel Auster, el padre esquivo, no querido, el hombre “invisible”:
Careciendo de pasión por alguna cosa, o persona, o idea, incapaz o no dispuesto a revelarse a sí mismo bajo ninguna circunstancia, había conseguido mantenerse a cierta distancia de la vida, no sumergirse en la profundidad de las cosas. Comía, iba a trabajar, tenía amigos, jugaba al tenis, y a pesar de todo eso, no estaba presente. En el sentido más profundo, más inalterable, era un hombre invisible.
(Una fotografía del difunto Samuel Auster sugiere, sin embargo, una extraña semejanza con Paul Auster.)

01/05/2011

Murió Ernesto Sabato, un clásico de la literatura argentina

Literatura / 30/04/11

Falleció en su casa de Santos Lugares a los 99 años. Notable autor y ensayista, escribió "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas", entre otras obras clave. Fue titular de la Conadep tras el regreso de la democracia. En 1984 había recibido el Premio Cervantes, el más importante de la literatura en español. Lo velarán desde las cinco de la tarde en el Club Defensores de Santos Lugares y las exequias serán mañana en el Jardín de Paz.

La literatura argentina despide a uno de sus íconos populares. El escritor Ernesto Sabato murió esta madrugada a los 99 años en su casa de Santos Lugares. Autor de "El túnel", "Sobre héroes y tumbas" y "Abaddón el exterminador", entre otras obras, también fue uno de los rostros emblemáticos del regreso democrático, al encabezar la Conadep.
Testigo y paradigma de su tiempo, la figura de Sabato adquirió una dimensión diferente luego de la dictadura militar con su labor al frente de la Conadep (Comisión Nacional de Desaparición de Personas).

Lejos de asumir un rol incontrastable, el autor de la trilogía de novelas "El Túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abbadón el exterminador" (1974) fue un escritor y un ser humano polémico, cruzado por sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus personajes literarios.

"Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año. Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana", declaró una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura.

Sus escritos finales, que incluyen memorias y crónicas de la vejez, constituyen su postrera despedida con la escritura, más allá de algún destello vital como la conmovedora confesión de amor a su colaboradora Elvira Fernández Fraga, hoy al frente de la fundación que lleva su nombre.


Su figura recobró fuerza como portavoz de valores añorados por una sociedad atravesada primero por la dictadura militar y luego por el neoliberalismo de los 90. Su mensaje se concentró en los jóvenes: "Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía -dijo- serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido".

Sabato había nacido el 24 de junio de 1911 en la ciudad bonaerense de Rojas. Iba a ser homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, ya que este año iba a cumplir 100 años.


Durante su larga trayectoria, por solicitud del entonces presidente Raúl Alfonsín presidió entre 1983 y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro Nunca Más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares.


Sabato en 1984 recibió el premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana, por lo cual fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, luego de Jorge Luis Borges en 1979.


En 1975, Sabato obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina y un año más tarde se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia, por Abaddón el exterminador.


Luego, en 1977 Italia le otorgó el premio Medici y al año siguiente le otorgaron la Gran Cruz al mérito civil en España, y en 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.