17/09/2011

Martín Fierro vs. Facundo: un debate sobre nuestra historia

08/09/11 Del gaucho “traidor” al caudillo valiente, dos arquetipos culturales en disputa.

 
Una pregunta que tiene algo de adivinación seguramente tenga muchas respuestas posibles. Casi un juego: ¿qué hubiera pasado si ...? En el marco del “Homenaje a Sarmiento” por los 200 años de su nacimiento, que hasta el sábado 17 se hace en el Centro Cultural Ricardo Rojas, cuatro especialistas buscaron responder a esta pregunta: “¿Y si Facundo fuera nuestro clásico nacional?” Vale decir: éste ¿sería otro país si el clásico no fuera el Martín Fierro?, ¿tendríamos otra literatura, otra historia? El guante en realidad lo arrojó el escritor Jorge Luis Borges, quien en Prólogo de prólogos , en 1944, escribió: “El Martín Fierro es un libro muy bien escrito y muy mal leído. Hernández lo escribió para mostrar que el Ministerio de la Guerra hacía del gaucho un desertor y un traidor. Leopoldo Lugones lo propuso como arquetipo. Ahora padecemos las consecuencias”. En 1974, Borges agregó una posdata a ese comentario, que prologaba Recuerdos de provincia, también de Sarmiento: “Ya se sabe la elección de los argentinos. Si en lugar de canonizar el Martín Fierro, hubiéramos canonizado el Facundo como nuestro libro ejemplar, otra sería nuestra historia y sería mejor”. Un debate que vuelve a poner sobre la mesa, gracias a esa aguja borgeana, la fórmula de Sarmiento: “civilización o barbarie”.

De la mesa reunida para develar “esa adivinación retrospectiva”, esa conjetura formulada por Borges, participaron los especialistas Cristina Iglesia, profesora de Literatura del siglo XIX de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Jorge Monteleone, investigador del Conicet y poeta, Martín Prieto, profesor de Literatura Argentina en la Universidad de Rosario, y autor de Historia de la literatura argentina y Martín Kohan, escritor y docente, coordinados por Alejandra Laera.
Para Iglesia, la de Borges no es una propuesta de cambio si no una queja. “Estoy de acuerdo con él, aunque por razones literarias distintas: como lectora y crítica, prefiero la prosa de Facundo, un texto arduo y bello. Lo prefiero a la melodía facilona del Martín Fierro, llorona, un poema tan servicial, tan gauchito, merece ser el clásico de un país, o de una zona del país, para el que la queja, y no la lucha, es el primer gesto de identidad”.
En 1913, en una serie de conferencias, Lugones postula el Martín Fierro como un emblema de “la formación del espíritu nacional”. Y, la figura del gaucho, “un paradigma de la nacionalidad”.

Monteleone dijo que “no se trataría de cambiar la historia, sino de sustituir un mito. Cuando Borges se refiere al Martín Fierro como historia, lo devalúa”. Monteleone tiene una hipótesis: “la canonización del Martín Fierro es un efecto de la previa canonización del Facundo, y no una sustitución”.

Las intervenciones de Prieto y Kohan sumaron otro nombre al tablero: para ellos el problema, la preocupación de Borges no eran Sarmiento ni Hernández, sino Perón. “Eso venía sucediendo desde 1943”, dijo Prieto. Y siguió: “En todo caso, Sarmiento es un antídoto retórico, literario, acorde con la misma formulación, retórica y literaria, del problema: la del peronismo. Sarmiento es nuestro clásico porque su tradición se manifestaba sobre todo en la literatura, pero no tenía potencia política”. Y se preguntó –cabe agregar qué pasaría – si no son “Borges y Leónidas Lamborghini nuestros clásicos”. Para Kohan, “se cita demasiado la dicotomía ‘civilización o barbarie’, pero el texto se ignora. Creo que Borges pedía leer el Martín Fierro en clave de Facundo.
La barbarie la narra siempre la civilización y cuando se narra la barbarie, el que escribe es el civilizado.”


Imprimir artículo

11/09/2011

Recordando a David Viñas

13/03/11 En una sala repleta, lo recordaron Piglia, Sarlo, Jitrik, Serrano, Mizraje y muchos más.

PorEzequiel Alemián
ESPECIAL PARA CLARIN 

En un auditorio colmado de gente de varias generaciones, la Biblioteca Nacional homenajeó ayer a David Viñas. “¿Le hubiera gustado a David este acto?”, se preguntó Horacio González, director de la institución. La respuesta fue unánime: “no”. Y después el auditorio entero se rió de la situación. González definió a la práctica de Viñas como la de “dar vueltas las hojas de una polémica incesante”.
Américo Cristófalo recordó que mientras estaba internado, Viñas comparó la sala de terapia intensiva con un barco, y mencionó la palabra “box”, que quienes lo acompañaban confundieron con un pedido de cigarrillos. “El viaje y la pelea son dos metáforas que lo definieron siempre”, dijo Cristófalo.
Se proyectó el video de una clase, del año 2009, en la que se ve a Viñas leyendo España, aparta ese cáliz de mí , de César Vallejo; Cristina Banegas leyó fragmentos de una de sus novelas.
Después, el primero de una larga lista de oradores fue Ricardo Piglia, quien recordó que la figura de Viñas funcionó, para los intelectuales de su generación, como la gran referencia para pensar las posibilidades de ser un escritor de izquierda. “¿Hay una manera de escribir propia de la izquierda?”, recordó Piglia la pregunta que se formulaban leyendo a Viñas.
María Gabriela Mizraje contó que días antes de su internación, Viñas le pidió que lo acompañara a despedirse de la Laguna de Monte, y que llegando al lugar, ya en zona de campos, él se asomaba a la ventanilla del auto y gritaba “¡Van Gogh!, ¡Van Gogh!”.
Después Beatriz Sarlo se refirió a sus dos grandes maestros: Jaime Rest y Viñas. “No podían ser más diferentes”, dijo. De Viñas subrayó su capacidad para sintetizar poder de observación y escritura, y la desfachatez con que escribía. “Era revelador porque leía todo a contrapelo”, aseguró.
En nombre de sus alumnos, Gabriela García Cedro eligió como las mayores enseñanzas de Viñas “la necesidad de pensar en series, el impulso a atravesar los textos, y la obligación casi de razonar siempre en contra de uno mismo”.
Raúl Serrano recordó que la coherencia de Viñas hizo que muchas veces estuviese aislado, pero que esa conducta, y la disciplina de pensar siempre en contra de uno, fueron dos rasgos ejemplares, que, dijo Serrano, “uno ha aprendido de él que son imprescindibles para seguir peleando”.
Soledad Silveyra leyó un fragmento de una obra de Viñas sobre Trinidad Guevara y se despidió diciendo: “si a alguien recuerdo con mucho amor, es a quienes me han enseñado a vivir un amor distinto. Es para las alumnas de David, que siempre estuvieron con él”.
Ana María Zubieta lo despidió en nombre de la Facultad de Letras, y Noé Jitrik recordó los sesenta años de relación que tuvo con Viñas: “treinta muy juntos, y treinta muy separados”. “Me dio la posibilidad de repensar la forma en que yo mismo podía introducirme en el campo de la literatura”, dijo.
Daniel Freidemberg definió a Viñas como uno de los grandes poetas de la Argentina. “Amaba las palabras, y como muy pocos se dejó ganar por la fuerza del lenguaje”, dijo.
Al cierre de esta edición, los amigos seguían recordándolo.

Diez libros imprescindibles

La Biblioteca Nacional dio a conocer una carta escrita por Viñas hace pocos meses en la cual enumera los que considera los 10 libros ineludibles para comprender la cultura argentina.
En el orden en que los puso, son: Viajes, de Domingo Faustino Sarmiento; Muerte y transfiguración del Martín Fierro, de Ezequiel Martínez Estrada; El juguete rabioso, de Roberto Arlt; Cuentos, de Rodolfo Walsh; Fundación mitológica de Buenos Aires, y Sur, de Jorge Luis Borges; Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla; Poemas dedicados a Negrita, de Baldomero Fernández Moreno; Los gauchos judíos, de Alberto Guerchunoff; Zogoibi, de Luis Emilio Soto, y Organito, de Discépolo.

28/08/2011

Cartografía de los libros usados

Desde una edición de “El Príncipe y el Mendigo” con dibujos de Carlos Freixas y traducción de Elsa Oesterheld hasta una versión de lujo de “Superman” sorprenden a un paciente rastreador de librerías de viejo.

POR Marcelo Birmajer

    Todo comenzó hace 25 años. Me había exiliado en el barrio de Florida, al borde de la Panamericana. Para llegar al Once tenía que tomar el colectivo 60. Habitaba una pieza en una casa de dos pisos. El piso de abajo lo compartían una ex monja y un ex JP, que eran pareja, más una amiga de la monja; arriba, un kiosquero, un músico y un servidor. El muchacho de abajo se despertaba fumando marihuana y se iba a dormir inhalando sustancias que quitan el sueño, de modo que nos atormentaba con una música indefinible, a todo volumen, de seis a seis. En esas circunstancias yo había comenzado a trabajar en la revista Fierro, y su director, Juan Sasturain, me había prestado un libro selecto: Williard y sus trofeos de bolos, de Richard Brautigan.
Siempre he sido de perder todo lo que toco, y en aquellos meses del invierno del 87, cuando no dormía más que unos pocos minutos por día, mi incapacidad recrudeció. Pero por medio de distintos artilugios, y por una ciega y férrea voluntad, de algún modo logré retener hasta el último de los trofeos de bolos de Williard. Eran aquellos primeros libros de Anagrama que llegaban al país: tapas blancas con dibujos colorinches. Mucho Bukowski, mucho “polla”, “chaval”, “follar”; varios recién nacidos escritores argentinos mechaban en su prosa el vocabulario de las traducciones del ya envejecido destape español. Yo leía muy orondo, en el colectivo 60, aquella prosa de los sesenta entre beatnik y despiadada, feroz y graciosa, pornográfica y mística. Eran libros que olían a nuevo y a importado en muchos sentidos distintos, pero a la vez eran la buena y vieja literatura, la misma que hacíamos acá cuando los españoles ni siquiera podían traducirla. Hizo falta mucho más que mis propios descuidos para arrebatarme ese libro.
Una noche negra como la del largo exilio del pueblo de Israel, me bajé del 60 en la parada incorrecta. Busqué entre las tinieblas el sendero del regreso. Pero los pájaros de la muerte se habían comido las pistas de migas de pan. Un asesino vocacional, proveniente de la Villa Miseria lindera, me asombró alzando un rodillo de pintura por sobre mi cabeza y, con la otra mano en el bolsillo, ordenando: “Vamos para la villa, vamos para la villa”.
Nunca olvidaré ese rodillo de pintura alzado como un arma, blanco en el medio de la noche. El grito en susurros de arreo no era una invitación a conocer otra cultura, ni al diálogo; era la vieja canción del verdugo, del opresor, disfrazado de pobre, de víctima. Antes de esa noche, durante esos minutos de zozobra y por el resto de mi vida, supe lo mismo: el que alza un arma contra el inocente es el opresor, no importa su clase social, ni sus antecedentes ni sus motivaciones: no todos estamos capacitados para salvar vidas; pero todos estamos capacitados para no matar ni amenazar. Por supuesto, no acepté su invitación. Aunque siempre le he tenido miedo a los perros y a los ladrones, respondí: “De acá no me muevo”. Prefirió llevarse todas mis pertenencias. Un impermeable, una de las pocas herencias que me dejó mi padre, fallecido dos años antes de este suceso. Algunos billetes de muy baja denominación. Un reloj, regalo de fin del secundario. Y el tesoro que para ese alcahuete nada representaba ni valía: Williard y sus trofeos de bolos, dentro de una mochila con una palta y una botella de jugo de limón Minerva, cuya etiqueta advertía a los consumidores con un haiku que preserva mi memoria y no aparece en Google: El sedimento es pulpa que precipita.
El sedimento, como la memoria, es pulpa que precipita. Permítanme considerar la recién acabada primera parte de este no tan largo relato como un flashback in media res, como el comienzo de El escudo averno de Asterix. Es el único episodio de los realizados por Goscinny y Uderzo que se inicia con una referencia al pasado cercano, relativamente lejos del tiempo y el lugar de la aldea de Asterix, específicamente a la derrota, en Alesia, del jefe averno Vercingetorix, quien arroja sus armas, entre ellas el escudo del título, a los pies del César. El resto de la historieta transcurrirá más de veinte años después, cuando regresamos al presente de la aldea gala invencible. Del mismo modo yo comienzo esta crónica con el recuerdo de aquel libro robado para llegar a nuestros días, veinticinco años después, específicamente al momento cuando viniendo de mi casa, en Constitución, rumbo a mi oficina, en el Once, creo divisar la colección completa de los viejos libros blancos y colorinches de Anagrama. La colección completa es un decir: son muchos, blancos, uno al lado del otro. En ese momento no tengo tiempo de detenerme, pero lo registro en mi memoria. Dentro de un par de semanas debo compartir una mesa redonda con Sasturain, en Rosario: un homenaje a Fontanarrosa. ¿Qué tal si me aparezco, un cuarto de siglo después, con el recuperado libro de Brautigan? Mi vida oscila entre la sobreocupación y el ocio malsano. Hay semanas en que no alcanzo a completar el trabajo que se me pide, otras en que no me alcanzan las manos para rascarme. La semana siguiente al descubrimiento del botín de los viejos de Anagrama en la librería de usados sobre la avenida Entre Ríos, es de esas en que me pregunto cuál es mi función en la vida. ¿Para qué sirvo? ¿Por qué no estoy haciendo algo útil? Mejor salir en busca de aquel libro robado. Pero cuando llego, la colección de Anagrama no está. El vendedor no es el mismo, pero parece saber que alguien pasó y se llevó todos los “libros blancos”. Tiene que ser obra de un malhechor. Finalmente, aquel ladrón era un hechicero y me ha perseguido en el tiempo, hasta mi penosa adultez. Las cosas que ganamos, las ganamos sólo por un tiempo. Pero las que perdemos, las perdemos para siempre. Y es un consuelo estúpido, cobarde, recitar en tono plañidero el adagio: “Si lo perdiste, nunca fue tuyo”. Por supuesto que se pierde, por supuesto que fue tuyo, por supuesto que nunca más lo recuperarás, por supuesto que nunca más te recuperarás.
En la misma librería encuentro una edición incunable de El Príncipe y el Mendigo, de Mark Twain, del tamaño de la palma de mi mano, con dibujos de Carlos Freixas y traducción de Elsa Oesterheld, la ahora viuda y por entonces esposa del autor de El Eternauta. Se lo llevaré a Rosario, a modo de indemnización, a Sasturain, por el libro de Brautigan robado en segunda instancia por el hechicero.
El día no se ha salvado, pero tampoco hundido. En una editorial a la altura de la avenida Independencia me aguarda un cheque. No es gran cosa, pero yo tampoco soy gran cosa: de modo que los pequeños cheques y yo nos entendemos. Otra librería de usados, sobre la calle Montevideo, una cuadra antes de llegar a la avenida Rivadavia, exhibe un álbum de historieta más poderoso que cualquier evento presente Superman vs Muhamad Alí, Deluxe Edition, dibujo: Neal Adams, guión: Denny O`Neil.
Leí esa historieta hace 34 años, en castellano. Aunque nunca fui devoto de los personajes de la DC, ese episodio en particular me fascinó. Los extraterrestres, como siempre, quieren destruir la Tierra, pero nos darán una última oportunidad: nuestro principal gladiador debe luchar contra el mejor de ellos. Sin embargo, ¿quién es el mejor representante de la Tierra para este combate, Superman o Muhamad Alí? Alí pretende imponerse con el argumento de que no sólo es el mejor, sino de que, a diferencia de Superman, él es terráqueo. Superman contrapone que él es naturalizado terráqueo, y que se ha jugado por la Tierra tantas veces que tiene el mismo derecho que Alí a defenderla.
Finalmente juegan una semifinal –Superman despojado de sus superpoderes– en la que triunfa Alí. Es un episodio majestuoso. 34 años después, perdido ese volumen por la acción del tiempo, en la puerta de vidrio de la librería cuelga un cartelito que reza: “Enseguida vuelvo”. ¡Enseguida vuelvo! Eso fue lo mismo que me dijo la historieta el día en que la perdí. Lo mismo que me dijeron cada una de las cosas que perdí en mi vida. Pero igual que el dueño de esta librería, no vuelven. Todavía no volvieron.
Lo espero, pero no más de lo que me permite el horario de la editorial: puedo pasar a buscar el cheque de 11 a 12.30, y yo nunca hago esperar a un cheque. Me marcho con la esperanza de que la historieta de Alí contra Superman no me haga el mismo chiste que la colección blanca de Anagrama; de que los poderes del hechicero no lleguen tan lejos, de que se haya despojado de ellos como para librar una batalla justa entre mi persona, en representación del recuerdo, del sedimento, de la decencia; contra el olvido, los ladrones y los falsos progresistas. ¡Qué suelte su rodillo y pelee como un hombre!.
En la editorial no sólo me aguarda el cheque, sino la posibilidad de cambiarlo de inmediato y, dadas las coordenadas geográficas, premiarme con una visita al restaurant del centro cultural japonés, sobre la avenida Independencia.
Pero llegando a destino, no casualmente por la calle Estados Unidos, descubro, al 600, una librería de usados en inglés, Walrus. Desde la vidriera me recibe un libro de conversaciones con Truman Capote. Subrayo “con”, porque he leído muchos reportajes de Truman Capote “a”, por ejemplo, Brando; o la aguafuerte sobre Marilyn Monroe. Pero este libro son reportajes que le han hecho a Truman Capote, él como entrevistado. Todavía no entro. Voy al restaurant japonés, me pido un sashimi teishouko, dejo el abrigo en la silla, y regreso a la librería. ¡Podré mirar libros mientras me preparan la comida! ¡No padeceré ansiedad ni hambre anticipada! El día está muy cerca de ser un éxito. El sedimento es pulpa que precipita.
Atiende la librería un joven de no más de veinte años. Hace cerca de tres meses que terminé de leer el segundo tomo, y yo creía que último, de las memorias de Kissinger. 1.062 páginas cada uno. Pero la ineludible Internet me revela una cuenta pendiente: hay otras 1.062 páginas, Years of Renewal, la administración Ford. El libro es inconseguible. En Amazon lo ofrecen solamente usado, y no lo envían a la Argentina. Pero ya que estoy en la librería en inglés, le preguntaré al librero, seguramente un analfabeto que no sabe siquiera quién fue Kennedy, si tiene algo de Kissinger. El muchacho se lleva una mano al mentón y me recita, en tono casual, sin pretensiones, los títulos de los tres, repito, los tres, tomos de las Memorias de Henry Kissinger.
Son muchos milagros en un solo momento: el librero, de no más de veinte años, es un erudito, un genio, un prodigio. El Mozart de los libreros. Me avergüenzo de mis prejuicios contra la juventud. El libro sale nada más que 75 pesos, menos de la mitad de lo que me hubiera costado en Amazon, si me lo hubieran querido vender. Felipe, se llama el librero. Es mi nuevo ídolo.
Para encontrarle un título a mi nota, unifico todo este episodio –el encuentro casual de la librería, el librero prodigio, la aparición del libro– en un solo milagro.
El siguiente es cuando, caminando de regreso a mi barrio, paso por la librería de usados de la calle Montevideo, y aún están allí Alí y Superman, a punto de pelear, de representar, 34 años después, una vez más su papel por la supervivencia de la Tierra. Tal vez nunca consigan salvar este planeta. Pero, por hoy, me salvaron a mí.

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/no-ficcion/Cartografia-libros-usados-librerias-viejo-birmajer_0_539346079.html
Imprimir artículo

23/08/2011

Queríamos (y odiábamos) tanto a McLuhan...

Se cumple un siglo del nacimiento del pensador canadiense, creador de metáforas célebres, como "la aldea global" y "los medios como ambiente". Aun quienes lo critican por sus ambivalencias admiten que abordó el tema de la comunicación con notable visión de futuro

Viernes 15 de julio de 2011 | Publicado en edición impresa -Nota de tapa / Medios y mensajes
Por Ana María Vara - Para LA NACION

¿Utopista o apocalíptico? ¿Aristócrata de las letras o gurú de los nuevos medios? ¿Pensador de avanzada o delirante? En Marshall McLuhan esas oposiciones no se excluyen. Tampoco se acomodan tranquilizadoramente en una sucesión cronológica: aunque es posible trazar el recorrido de sus ideas, que se van explicitando a lo largo de cuatro décadas, no puede argumentarse de manera unívoca que su pensamiento se desplazara del punto A al B mientras se enumeran sus libros.
A poco de cumplirse el centenario de su nacimiento, el próximo jueves, y a más de treinta años de su muerte, la obra de McLuhan resulta tan sugestiva e incómoda como en sus inicios. Su "mensaje" sigue vivo, fascinante y abierto. Así como tempranamente se lo quiso y se lo denostó, a la vez, por conservador y por hippie, hoy es retomado tanto por autores que celebran la era digital como por quienes la reprueban y la temen. Musa honoraria del artista Andy Warhol, cómplice de los magnates de los medios para el crítico de la cultura Raymond Wiliams y un joven Jean Baudrillard, genio en la línea de "Newton, Darwin, Freud, Einstein y Pavlov" para el escritor Tom Wolfe, personaje de Woody Allen en Annie Hall, donde aparece en un cameo; "santo patrono" de la revista hipertecnológica Wired; profeta que alerta sobre el fin de la política y el pensamiento riguroso, según un humanista como Neil Postman; más recientemente, augur del "capitalismo metafísico" y el mundo de los derivatives, que llevaría a la crisis financiera de 2008, para el crítico Scott Lash: algún nervio de la cultura contemporánea ha tocado quien proyecta una imagen tan intensa y caleidoscópica.
En su itinerario, cinco ciudades son cruces vitales e intelectuales: Winnipeg, Cambridge, Saint Louis, Toronto y Nueva York. Canadiense y nieto de canadienses de origen irlandés, McLuhan creció en un ámbito semirrural hasta que la familia se mudó a Winnipeg, donde estudió en la Universidad de Manitoba. Allí completó un bachellor y un máster en literatura.
A los veinte años, ya se conocía a sí mismo lo suficiente como para describir con precisión su modo de discutir: "Me gusta argumentar contradiciendo los hechos (por diversión). Es bastante fácil sostener una posición en contra de cualquiera, especialmente si uno conoce el caso por completo (a favor y en contra) mientras que tu oponente sólo conoce un lado, no importa si bien o mal". Y a los veintiuno, ya reflexionaba sobre los medios de comunicación y vagamente delineaba su primer libro, que escribiría dos décadas más tarde: La novia mecánica , un estudio sobre la cultura popular y la publicidad. Tras escuchar una conferencia sobre economía, apuntaba en su diario, entre el espanto y la admiración:
La sobreproducción resulta en un fuerte ataque al bolsillo del individuo. Siempre se apela a un sentimiento poderoso: miedo, orgullo, sexo, riqueza, ambición, etc. En cincuenta años, si no incurren en extremos absurdos, un volumen con los eslóganes y trucos publicitarios de 1930 va a resultar una lectura más interesante que cualquier otra cosa escrita por esta generación.
Mientras completaba su tesis de maestría sobre el poeta victoriano GeorgeMeredith (1828-1909), se presentó a una beca para Cambridge. Llegó en octubre de 1934 y se integró inmediatamente a la rutina de clases, conferencias, discusiones y remo. Para un estudiante que organizaba sus veranos como ciclos de lectura y se lamentaba de que los exámenes en la Universidad de Manitoba sólo duraran dos horas, el ambiente deCambridge resultó adecuado. No se le ocurrió lamentarse de que la magna institución británica le exigiera recomenzar desde el bachellor : por entonces nadie creía en la globalización educativa y todos los títulos tenían que revalidarse.
De la lista de profesores e intelectuales que conoció en aquellos años, Gilbert Keith Chesterton fue quien dejaría una marca más profunda en su formación, al resultar una influencia decisiva en su conversión al catolicismo. "Conozco cada palabra de su obra: es responsable de mi entrada en la iglesia. Escribe por paradojas, lo que lo hace difícil de leer, o difícil con el lector", escribió McLuhan. Al caracterizar el estilo de su maestro, el canadiense parece estar hablando del suyo, hecho de juegos de palabras, de contrasentidos, de alusiones, de figuras literarias. "El medio es el mensaje", la sentencia más conocida de McLuhan y la que condensa de manera más clara su aporte al estudio de la comunicación, fue caracterizada como "una paradoja chestertoniana" por uno de sus biógrafos, W. Terence Gordon, profesor de la Universidad Dalhouise, de Canadá. Con ella, McLuhan "nos invita a la reflexión y nos desafía a internarnos en sus profundidades, a interpretarla, a continuarla, a entenderla transformándonos en su contenido, el verdadero principio que propone la frase".

Para seguir leyendo: En: http://www.lanacion.com.ar/1389005-queriamos-y-odiabamos-tanto-a-mcluhanel-estilo-es-el-mensajeel-artista-como-maestro-la-luz-l

Imprimir artículo

10/08/2011

¿De papel o e-book?, un debate actual

En el Malba / Tercera jornada de Experiencia adn
Tres especialistas dialogaron sobre el futuro del libro tradicional y su convivencia con el formato electrónico

"Hoy haré el papel del abogado del diablo por partida doble -prometió Ariel Torres, editor del suplemento Tecnología de LA NACION, en su introducción-: no sólo me crié entre libros y mi casa está llena de ellos, sino que también soy un gran consumidor de libros electrónicos. Mi impresión es que ambos formatos son complementarios."
Así comenzó el debate sobre la irrupción del libro electrónico ( e-book ) y su convivencia con el libro tradicional, que se realizó ayer en el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba-Fundación Costantini).
El encuentro, en el que participaron también el analista y director del newsletter Comentarios Enrique Carrier (experto en nuevas tecnologías) y el director de la editorial Interzona, Guido Indij, formó parte del ciclo Experiencia adn , organizado por LA NACION y que cuenta con el apoyo de Citi y las empresas Chandon, Carolina Herrera y Tudor.

Luego de su introducción, Torres mostró un libro publicado en 1862. "Este volumen tiene 149 años, salió ocho años antes de que Bartolomé Mitre fundara LA NACION y cinco antes de que se patentara la máquina de escribir. Y, sin embargo, funciona a la perfección. ¡De hecho, tiene mejor calidad de imagen que una iPad o un Kindle! Ningún otro soporte de información puede igualar semejante durabilidad."
Añadió que los libros son los únicos medios que no necesitan de un aparato externo para poder acceder a sus contenidos. Por esa razón, y porque son objetos palpables, se establece con ellos una relación "más íntima" que con discos o e-books. 

"Por otro lado, las estadísticas muestran que los que más leemos libros de papel somos también los principales consumidores de e-books . Es lógico -afirmó Torres-, la tentación de recorrer catálogos y obtener en instantes una obra que no habíamos leído es irresistible. Sí, nuestras bibliotecas reales son un tesoro, pero los e-books tienen la enorme virtud de expandir esa biblioteca casi hasta el infinito."

Por su parte, Indij trató el tema del futuro del negocio editorial y enumeró las ventajas que, a su juicio, tiene el formato tradicional.

Carrier habló de los cambios para el lector, el escritor, así como para las editoriales y librerías que introdujo la llegada del libro electrónico. "Leer es ahora más barato, más cómodo y hay más opciones ya que fomenta la lectura. Los libros no podrán escapar al tsunami de la digitalización", agregó.

Destacó asimismo que otra ventaja de los e-books "es que cuando uno quiere desesperada, urgente, vitalmente un texto, se lo puede obtener [en forma digital] en cualquier momento, desde cualquier lugar".

Entre los asistentes pudo verse al director del Museo Nacional de Bellas Artes, Guillermo Alonso; el embajador en Túnez, Sergio Baur; a la directora de la Editorial El Ateneo, Luz Henríquez; a la directora de Marea Editorial, Constanza Brunet; al escritor Eduardo Alvarez Tuñón; el consejero cultural de la embajada de México, Ricardo Calderón Figueroa, y el ex embajador argentino en los Estados Unidos, José Octavio Bordón.

Por Experiencia adn ya pasaron el pianista uruguayo Luciano Supervielle y Kevin Johansen junto a Liniers. El cuarto encuentro será el 16, con Javier Malosetti y su banda Electrohope, que presentará su disco "TEN". La entrada es gratuita con capacidad limitada y las reservas se realizan por mail: experienciaadn@lanacion.com.ar o telefónicamente al 5272-4220, de 9 a 15..

Imprimir artículo

09/08/2011

“Expertos en aspectos superficiales, los nativos digitales tienen dificultades para construir significados”

El pedagogo catalán Daniel Cassany pasó por la Feria del libro infantil y habló de “literatura juvenil electrónica”. En esta entrevista dice que el sistema educativo no se adapta a las nuevas prácticas devenidas del uso de Internet.

POR Andrés Hax - ahax@clarin.com  // Ideas

En silencio, sin hacer alboroto, el pedagogo catalán Daniel Cassany vino a Buenos Aires — en el marco de la Feria del Libro Infantil— para atacar ciertos mitos sobre el comportamiento de los adolescentes en Internet. Específicamente dijo que escribir mensajes de texto, escribir en blogs y en foros de Internet delimita la capacidad de procesar textos escritos y leídos de forma correcta y eficiente. Su charla, Literatura juvenil electrónica: remix, fanfic, posts y blogs (cuyos Power Points están disponibles online) parte del asombro de que los “chicos” están leyendo y escribiendo más que nunca, pese a que lo hacen en ámbitos no autorizados, evaluados o convalidados por los canales oficiales educativos.

En síntesis, según Cassany, sucede lo siguiente: la red promulga tanto la lectura como la escritura y los chicos adolescentes se aprovechan plenamente de esto; sin embargo, esta actividad netamente literaria no se refleja en los resultados medibles dentro de las materias afines del colegio, como lengua. Acá, según Cassany, el problema puede ser de los colegios, que no se adaptan correctamente a la nueva realidad. Y aquí va contra la idea esteriotipada —y al revés— de que las redes sociales están dispersando la capacidad de concentración y desarrollo lingüístico de los jóvenes.

Charlamos con Cassany —cuyo sito Web esta repleto de recursos para docentes e investigadores—después de su presentación en la Feria del Libro Infantil.

¿Hay realmente un cambio de paradigma en el mundo de hoy en cuando cómo los chicos procesan la realidad online?
Hay un cambio en proceso. Yo creo que si, efectivamente,  Internet, como el invento prodigioso que es, del mismo nivel que la rueda, que el habla, que la escritura, que la imprenta, va a modificar muchas cosas de nuestra mente y de nuestra sociedad. Yo estoy conforme con esta idea. Lo que pasa es que yo creo que no sabemos todavía dónde nos va a llevar, o como van a cambiar las cosas, porque sólo pasaron 20 años… Y, por ejemplo, en el caso de la imprenta, uno de los últimos inventos a los que se le reconoce haber modificado la estructura social y mental de las personas, se necesitaron más de cien o doscientos años para llevar a cabo todas las potencialidades del invento. Entonces en este sentido lo que tenemos es mucha especulación.

Los nativos digitales, los chicos, son muy expertos en aspectos superficiales: por ejemplo en manipular la computadora, en instalar programas, en acceder a determinados recursos. Pero tienen muchas dificultades para construir significado coherente a partir de esta información. Las investigaciones que hemos hecho, por ejemplo, si los chicos saben leer en Internet, y entender la información que se da, y relacionarlas con sus vidas, nos muestra que muchas veces fracasan. Que no son tan buenos lectores como aparentemente parecería que son.

En ese sentido, ¿es correcto decir que uno de sus intereses es vincular el entusiasmo que muestran los chicos en su quehacer online con su vida en la aula escolar?
Bueno, en su vida privada hoy los chicos leen y escriben mucho más que antes, porque gracias a las tecnologías lo pueden hacer. Entonces, gracias a esta experiencia los chicos aprenden muchas cosas que son beneficiosas para ellos y que les hacen crecer. Entonces mi interés es explorar cómo aprenden estas cosas, por qué quieren aprenderlas, e importar estas formas de aprender a las escuelas para que las escuelas sean más eficaces.

¿Con cuál actitud se acerca a los adolescentes en sus investigaciones?
Yo soy un científico, no soy un literato. Entonces mi aproximación es la de intentar a entender, observar, recoger datos, estudiaros y analizarlos. Me sitúo en un paradigma mas global u holístico cualitativo, que significa pues que me interesa no tanto obtener datos estadísticos sino saber cuáles son las opiniones de los chicos que leen en Internet, por qué lo hacen, cuándo lo hacen, qué cosas hacen. Entonces eso lo hacemos más a partir de entrevistas y de observación. De análisis de datos. Y eso es etnografía. 
 

Imprimir artículo

02/08/2011

Isol: “Cuando era chica leía esos cuentos de genios que te hacían temer el deseo”

Literatura Infantil y juvenil  11/07/1

Ilustradora y autora, creadora de personajes como La Bella Griselda, una princesa tan linda que hace que los hombres pierdan la cabeza literalmente, Isol rompe los tópicos de la literatura infantil: cuestiona su modelo, qué temas debe tratar y cómo.

Por Patricia Kolesnicov - pkolesnicov@clarin.com

Había una vez una princesa que era tan bella tan bella que los hombres perdían la cabeza por ella.

Literalmente . Los reinos vecinos iban quedando acéfalos.
Un día a Camila se le cumplió un deseo. Su mamá se convirtió en globo y no gritaba más.
Un día, una nena se despierta demasiado temprano, ve a su mamá de espaldas, y se da cuenta de que es hija de un puercoespín. Que se disfraza con shampúes y cremas pero aunque se vista de seda, puercoespín queda.
A la gente que le mostré el libro de la princesa Griselda, mis amigas, les gustó. Pero sé que tiene unas cosas un poco... para un libro de niños... como medio... como medio terribles.
Isol mira su último libro publicado, La Bella Griselda con cara de preocupación. O, mejor, con la cara de preocupación satisfecha que puede tener una niña traviesa. Pero Isol no es una chica traviesa, es una autora e ilustradora que nació acá en Buenos Aires pero publica en Noruega, en Francia, en Canadá, en Turquía, en España, en Mexico, en Estonia, en los Estados Unidos y siguen países. Es una artista –también canta– que ha ilustrado libros de Paul Auster, ha tenido menciones especiales en premios como el Hans Christian Andersen y ha figurado en la lista más selecta de la literatura infantil: el White ravens. “Es una estrella”, define una editora del ramo.
Estrella y/o chica traviesa, Isol es la creadora, entre muchos otros, de los libros –imágenes y texto– que cuentan las historias del comienzo: la princesa tan hermosa (La bella Griselda); la mamá que se hace globo (El globo); la hija de la puercoespín (Secreto de familia). A su modo, con ellos cuestiona qué es un libro para chicos, cuánto de suave, cuánto de didáctico tiene que ser. Y algo más: un libro para chicos ¿puede meterse con los padres? ¿Puede mandar al cielo hecha globo a la madre que no sólo es santa sino que, además, es la que abre la billetera para oblar el libro? A mí me gustan los libros que hago. Me gustan desde un lugar que está relacionado con mi infancia. Hay cosas que se instalan desde la infancia, como construcciones familiares, maneras de ver el mundo, que te influyen toda la vida. Y hay cuentos que se me ocurren, que me resulta más poético contarlos desde un niño. Esa mirada más fresquita me sirve para narrar ciertas cosas.
Pero la mirada no es tan fresquita; es la tuya, que no sos una nena.

­ Claro, pero en ese momento me conecto con la mirada de los chicos. Los nenes tienen un lugar muy disruptivo de lo que ya está instaurado, de lo institucional.

­ O sea que no esperás enseñar nada sino aprovechar lo que los chicos ven.
­ Mirá, si a alguien le enseñan algo mis libros, es a mí.
­ ¿Qué te enseñan? ­ Cosas que te pasan. El tema de la identidad, que está en muchos cuentos, el tema del deseo, el de la inconformidad. Todo eso tiene mucho que ver con cosas que a mí me preocupan.

Secreto de familia, por ejemplo. Yo, de chica pensá que en en mi familia eran unos freaks (raros). Y  eran un poco freaks, en realidad, porque mis viejos eran muy jóvenes, mi vieja me tuvo a los diecisiete años, enseguida vino la época del Proceso, eran medio hippies, y a mí me parecía que los demás eran más...

­ Más normales.
­ Iban al catecismo, eran como había que ser. Después, de grande, me di cuenta de que mucha gente pensaba que sus padres eran unos freaks. De ahí esa fantasía de ser huérfano, de ser adoptado, que tienen muchos chicos.

­ Eso de: "¿Qué tengo yo que ver con esta gente?" ­ Por eso les encantan esas historias de huérfanos a los nenes.

Eso, mis libros tienen una mirada en los conflictos. Con humor.

Pero la verdad es que no pienso que tengan que servir para algo; simplemente para el disfrute.

­ Griselda parece hablar del dolor, de la soledad de la belleza.

­ Es mi primer libro en que el protagonista no es un nene, una nena. Y en el que tampoco estoy del lado de ella.
­ Bueno, no es una nena porque es de género, es una princesa.

­ Sí, pero no es una princesita... no es nuestra heroína.
­ No, porque necesitabas que tuviera un conflicto adulto.

­ Lo de "perder la cabeza" se me ocurrió tomando la frase de manera literal. Y después está lo de ser princesa. Las chicas quieren ser princesas. Yo quería ser una princesa. Y en un momento, no me funcionó más.
­ ¿Qué querrá decir ser una princesa? ­ Todo el mundo las quiere y quiere estar con ellas. Pero la verdad es que la princesa ni siquiera elige con quién va a estar porque el que la besa, se queda con ella; el que la salva, se queda con ella. Es un lugar como de muñeca.

­ También tiene un poder.
­ Pero no le sirve para nada. Es un poder que la aprisiona.
­ No le sirve para ser feliz.
­ No, para ser feliz no. No está mal ser bella, me dio risa que esa belleza fuera tan letal. Y también: ¿qué podés hacer con tanta gente atrás tuyo? ¿A cuántos podés conocer? Es como la fama, ¿no? ­ No sé, vos decime.

­ Yo no soy muy famosa. Y soy fan de alguna gente. Me tengo que resignar a que yo me relaciono con su arte y que eso es lo mejor que puedo hacer con esa persona. En realidad, todo ese amor que uno siente es porque el otro te da palabras para tus sentimientos, le da aire a tu vida.

Pero esa es la conexión.

­ El punto es que la princesa hermosa, sufre.

­ Es que en vez de amarla, le temen. Había una idea que me gustaba mucho, que es la idea la de la perfección.

Por mucho tiempo pensé que había que ser perfecto.

Y después... ¡es insoportable estar con alguien perfecto!
­

¿Cómo era ser perfecto? ­ Nunca pude. Pero tenés que ser brillante en lo que hacés, tenés que tener una vida amorosa loca, el tipo perfecto, la casa perfecta. Y, como me dijo mi psicóloga, "todo ideal se vuelve persecutorio".

La princesa ­sin contar el final­ consigue un príncipe miope y tiene una hija... a la que le gusta armar rompecabezas. Isol se ríe de su chiste. Por la escalera llega Rafael Spregelburd ­dramaturgo, director teatral, actor en "El hombre de al lado"­ que acá está en función de marido y ofrece té.

Ventana al jardín: todo se ve tan armónico. Y por qué no: "Cuando era chica ­dice­ leía esos cuentos que te hacían temer el deseo, los de los genios. Tirabas un deseo y era todo peor. Casi que te castigaban por haber deseado algo." 





En: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/infantil-juvenil/isol-ilustradores-bella-griselda_0_515348667.html 

22/07/2011

Las palabras y el escrito

DANIEL CASSANY
Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

 
A veces, los árboles no dejan ver el bosque.
Así mismo, la obsesión por el significado de palabras aisladas puede impedir la comprensión del escrito.


Uno de los problemas habituales al que deben enfrentarse los aprendices que se inician en la lectura es la presencia reiterada en los textos de palabras nuevas o desconocidas que dificultan la comprensión del contenido del escrito. Las reacciones que provoca este hecho no sólo tienen consecuencias en la comprensión de cada texto, sino también en el desarrollo global de las habilidades lectoras de los aprendices. Estos tienden a concebir este hecho como una circunstancia accidental y personal, causada por su limitado dominio de determinados registros de la lengua, por su pobreza de vocabulario o por la dificultad intrínseca que tienen los escritos. Ven las palabras desconocidas como 'extrañas', 'raras' y 'difíciles', como un obstáculo ineludible que impide acceder a la información contenida en el texto. Creen que la única forma de superar esta situación consiste en buscar cada vocablo en el diccionario para aprehender su significado.

De este modo leer se convierte en una actividad tediosa, permanentemente interrumpida, heterodependiente de textos de ayuda (diccionarios, gramáticas), que exige notable esfuerzo de concentración, disciplina y paciencia, además de habilidades complementarias (encontrar los vocablos en el diccionario, elegir la acepción adecuada, etc.). Al repetirse esta situación con cierta asiduidad en cada texto, es probable que los aprendices se aburran, se cansen y abandonen el escrito. Empiezan a acumular frustración y sensaciones negativas con la lectura, desarrollan la idea que todos los textos son 'difíciles' y contienen 'palabrotas ininteligibles', de modo que, poco a poco, acaban pensando que leer es 'pesado', un 'rollo', una tarea difícil y poco agradecida que no es para ellos.

En este artículo nos proponemos comparar las actitudes y las habilidades que utilizan lectores expertos y aprendices ante esta situación, que consideramos bastante corriente para cualquier tipo de lector y lectura. Además de explorar las distintas estrategias que utilizan los expertos para minimizar y superar el problema, presentamos un ejemplo virtual de lectura y ofrecemos algunas orientaciones didácticas para los docentes que acompañan y guían a los aprendices de lectores en el aula.


LECTORES EXPERTOS Y APRENDICES
En apariencia, la dificultad de las palabras desconocidas sólo afecta a las personas, aprendices o no, jóvenes o adultos, que leen poco o nunca. Al carecer del hábito de lectura, éstas sólo dominan un vocabulario limitado -el de la conversación oral- y tienen muchas posibilidades de encontrar bastantes vocablos desconocidos en un texto -los del registro escrito. Al revés, los grandes lectores gozan y hasta tienen necesidad!- de lectura, han devorado una gran cantidad de textos durante su experiencia lectora y, en consecuencia, disponen de un repertorio léxico amplio y variado. Raras veces tropiezan con léxico desconocido y tampoco supone una dificultad relevante, puesto que es escaso, aislado y no impide la comprensión global del texto. En definitiva, la lectura facilita la adquisición de vocabulario y éste fomenta la lectura, de manera que se constituye un círculo vicioso difícil de romper.

Pero con algo más de ductilidad y atención veremos que esta explicación resulta cuando menos ingenua y simplista. Encontrar expresiones desconocidas (palabras hoy poco frecuentes, palabras de nueva creación, términos específicos de una disciplina, préstamos de otros idiomas, siglas de organizaciones, etc.) es muy corriente en el mundo discursivo y alfabetizado actual, a tenor de la evolución que ha experimentado la sociedad. Se han multiplicado las comunicaciones escritas (computadoras, correo electrónico, redes virtuales, revistas especializadas); la ciencia se desarrolla a un ritmo acelerado (crea conceptos y términos nuevos); la necesidad de interdisciplinariedad educativa, científica y técnica exige que se conecten campos antes teóricamente alejados y desconocidos entre si; la globalización nos mantiene informados de los eventos que ocurren en cada rincón del planeta (con otras realidades que requieren palabras distintas); las lenguas y sus respectivas comunidades entran en interacción continuada (se influyen, se prestan expresiones y formas lingüísticas), etc. De manera que lo habitual para todo tipo de lectores es haberse de enfrentar con una cantidad quizá limitada, pero nada menospreciable de vocabulario neológico, técnico, exótico y hasta extranjero. Periódicos, revistas, novelas, ensayos, instrucciones y trípticos publicitarios incluyen forzosamente léxico heterogéneo y novedoso que difícilmente puede ser conocido por el lector más experimentado y poseedor de la competencia léxica más amplia.

En este contexto, la diferencia entre lectores expertos y aprendices no radica en la cantidad de vocablos desconocidos que pueden encontrar ambos en un texto, y en la dificultad que este hecho pueda plantear a la comprensión, sino en la actitud, las habilidades y el comportamiento cognitivo que saben o no saben desarrollar unos y otros. Los grandes lectores están acostumbrados a enfrentarse a esta situación, que consideran habitual e independiente de sus conocimientos y habilidades. Quizás por su experiencia, han aprendido a comprender textos con palabras desconocidas, a comprender el significado global del discurso pese a esas sombras léxicas. Saben que no todas las palabras de un escrito tienen la misma importancia, que no es necesario leer siempre palabra por palabra, que las palabras no tienen un único significado cerrado, que cada contexto puede cambiar el valor de una palabra teóricamente conocida, o que la frontera entre palabras conocidas y desconocidas resulta tremendamente escurridiza. Han desarrollado técnicas para inferir o intuir el significado de algunas palabras a partir del contexto, para prescindir de los vocablos desconocidos y concentrarse en el resto del texto, etc. En definitiva, estos lectores expertos están preparados para manejar expresiones desconocidas, para enfrentarse a textos siempre nuevos o difíciles que presentan obstáculos a cualquier lector.

Desde esta perspectiva, las diferencias entre expertos y aprendices son incluso mucho más profundas. La actitud de los expertos demuestra que poseen una conceptualización más realista y refinada de la comprensión lectora
-aunque quizá sea subconsciente. Leen a partir de sus conocimientos previos, que van modificando paulatinamente con las aportaciones del texto. Saben que el significado no está contenido en el texto, sino en su cerebro, en lo que ya saben, y que el texto sólo aporta unas 'pistas', unas 'sugerencias' para mejorar lo que ya conocen. Leer consiste, de este modo, en poder integrar los datos del texto en el universo de conocimientos del lector.

Al contrario, la actitud de los aprendices delata una concepción muy pobre de la comprensión lectora y de la comunicación escrita. Sugiere que piensan que el significado está encerrado en el texto, del mismo modo que un animal en una jaula o un regalo en la caja o en el envoltorio de presentación. Leer consiste en abrir la jaula o en desenvolver el paquete. Incluso el significado total del texto se reparte equitativamente entre todas las unidades léxicas que lo componen, de manera que deben leerse todas en el orden establecido y no se pueden saltar las desconocidas sin perder el hilo de la comprensión.


PALABRAS IMPORTANTES
Efectivamente, los lectores aprendices creen que tienen que descifrar todas las palabras de un texto para comprenderlo. Sea porque sólo saben leer palabra por palabra, porque les molesta desconocer un vocablo, o quizá porque tienen la impresión o la manía de que, si no adivinan lo que quiere decir, no entenderán nada, el caso es que se detienen en cada palabra desconocida y no siguen hasta haberla descodificado. Además, como suelen tener pocos recursos para deducir con rapidez el significado de la palabra, acaban consultando el diccionario y arriesgándose a elegir una de las numerosas acepciones de la palabra. Esta operación ocupa dos o tres minutos cada vez y, en conjunto, la comprensión de un texto relativamente corto puede requerir una pequeña eternidad.

La aproximación al texto que realizan los aprendices es mecánica y lineal. Al leer palabra por palabra, están más preocupados por los vocablos (por los árboles) que por los párrafos o los apartados (por el bosque). Avanzan paso a paso y conciben todas las unidades léxicas o discursivas que componen el texto en un mismo nivel o grado de relevancia. Carecen de la sensibilidad para discriminar las palabras importantes de las irrelevantes, las ideas importantes de los detalles, los núcleos de la periferia. Todo tiene un mismo color y valor.

Los lectores expertos se comportan de forma distinta. En primer lugar, hacen una lectura rápida del texto completo -en diagonal o skimming-, antes de dedicarse a interpretar un fragmento corto o a deducir el significado de algún vocablo que pueda resultar difícil. Así construyen una primera hipótesis provisional del sentido del escrito y, según ésta, pueden decidir cuáles de los puntos o aspectos que no han entendido en la primera lectura (palabras, frases o párrafos enteros) tienen interés y merecen que se les dedique tiempo y atención. Seguidamente deciden cuál es la estrategia más adecuada para resolver las dificultades específicas de comprensión que se presenten -lo cual sugiere que disponen de una gama variada de recursos- y la aplican. Al final, según la interpretación parcial que hayan hecho de cada punto, verifican y corrigen la hipótesis inicial. Este proceso cíclico puede repetirse tantas veces como haga falta.

Una de las diferencias relevantes entre las actitudes de expertos y aprendices consiste en comprender el texto como una hilera de unidades idénticas, o como una estructura jerárquica con apartados, expresiones y palabras más y menos importantes. Cada escrito contiene un conjunto reducido de palabras clave, que son las que designan los objetos o las ideas de lo que trata el discurso y que son imprescindibles para entenderlo, y otro conjunto mucho más amplio de vocablos con grados variados de relevancia. En este segundo caso, pueden ser palabras que ejemplifiquen una idea, que expandan comentarios laterales o, en definitiva, por decirlo metafóricamente, que rellenen el pollo. Desde este punto de vista, una de las habilidades de los lectores expertos consiste en poder identificar los vocablos relevantes, en dedicar atención a comprenderlos, y en no preocuparse por la comprensión de los que son irrelevantes en el conjunto del texto.

En general, podemos identificar las palabras importantes a partir de algunas 'marcas' explícitas: suelen repetirse varias veces en el texto, pueden estar señaladas con algún distintivo (negrita, cursiva, mayúscula, etc.) y, lo que es más importante, aportan un significado que resulta esencial para el texto:
 
  
PALABRAS IMPORTANTES
PALABRAS POCO IMPORTANTES
·    • Designan entidades (objetos, conceptos, ideas, etc.) centrales en el texto (tesis, tema principal, etc.).
·    • Designan entidades laterales (ejemplos, anécdotas, comentarios marginales, etc.).
• Aparecen en las posiciones relevantes del texto (título, subtítulos, índices, abstracts, síntesis, conclusiones, inicio de párrafo, etc.).
• Aparecen en posiciones secundarias (interior de párrafos, ejemplos, notas, etc.)
• Aparecen repetidamente.
·    • No se repiten.
• Suelen marcarse verbalmente con procedimientos discursivos (definición, matizaciones, comentarios, etc.)
• Carecen de comentarios o especificaciones.
• Pueden estar marcadas gráficamente con recursos tipográficos (negritas, cursivas, mayúsculas, etc.).
• No suelen estar marcadas.





Con la identificación de las palabras importantes del texto, se consigue reducir el problema de las expresiones ignoradas en una proporción muy importante. Obviamente, tiene escaso interés dedicar tiempo descodificar las palabras desconocidas y irrelevantes de un escrito, si el objetivo de la lectura es la comprensión global del mismo (no entramos ahora en otros tipos de lectura, cuyos objetivos puedan ser más exigentes: análisis formal, comprensión de detalles, etc.). Por otra parte, las palabras importantes de un texto, precisamente a causa de esta condición, suelen merecer más atención en el texto: los autores ofrecen más datos de ellas (definiciones, ejemplos, contextos de uso, etc.), de manera que son mayores las posibilidades de poder comprenderlas sin ayuda de conocimiento previo.





ESTRATEGIAS PARA COMPRENDER PALABRAS DESCONOCIDAS

Con los vocablos relevantes identificados, el siguiente paso consiste en desarrollar estrategias para poder inferir su significado. Evidentemente, buscar en el diccionario no es ni la única técnica ni la más corriente o eficaz. La mayor parte de las ocasiones en que utilizamos receptivamente el lenguaje no tenemos a mano un diccionario para buscar todo lo que sea nuevo. Actuamos de un modo mucho más sencillo: conocemos el término a través de otra lengua, recordamos palabras que se parecen a la desconocida o que pueden formar parte de la misma familia semántica, intuimos -de la forma que sea- lo que quizás quiera transmitir, analizamos su contexto lingüístico, etc. La mayoría de estas estrategias son mucho más económicas que consultar el diccionario, puesto que requieren sólo la capacidad de saber aplicar los conocimientos previos del lector, de saber relacionar informaciones procedentes de campos o ámbitos diferentes, o poder desarrollar una cierta conducta intuitiva o investigadora. Desde otro punto de vista, se trata de estrategias o comportamientos naturales, en el sentido de que los utilizamos para inferir significados en otros contextos: en la comprensión oral, en la comprensión de segundas lenguas, durante la adquisición lingüística en la niñez, etc.



La siguiente lista no pretende ser exhaustiva y ordena las estrategias por grado de eficiencia (primero las más rápidas y fiables, al final las que requieren más tiempo y reflexión):





ESTRATEGIAS PARA COMPRENDER PALABRAS NUEVAS


1. Morfología. Al no ser las palabras las unidades mínimas con significado de la lengua, podemos analizar su composición morfológica (lexemas, afijos). Por ejemplo, la palabra infotocopiable no aparece en el diccionario y quizás pueda ser la primera vez que la leemos, pero no ofrece dificultad, puesto que podemos descomponerla en los lexemas foto y copia y los afijos -in y -ble, y su significado deriva de estos componentes. Del mismo modo, amarillenta procede del adjetivo amarillo; fraudulenta de fraude y desgarbado de garbo.



2. Valor del contexto. Una palabra nunca aparece sola o descontextualizada, sino alrededor de otras palabras que forzosamente forman un contexto o un hueco gramatical y semántico para la primera. Podemos rastrear las fronteras de este hueco y construir una hipótesis sobre el significado de la palabra desconocida. Inferimos fácilmente datos sobre la forma gramatical de la palabra (categoría, flexión, régimen, etc.), sobre su subcategorización (+/– animado, +/– humano, +/– abstracto, etc.), sobre su valor sociolingüístico (registro, género, uso, etc.) o sobre sus connotaciones (positivo / negativo, tono general del texto y del fragmento en que aparece el vocablo en cuestión, modalidad de la frase, etc.).



3. Otros idiomas. En algunas ocasiones (L2, textos de ámbitos especializados), podemos buscar paralelismos con palabras o términos de otras lenguas. Entre lenguas indoeuropeas y, sobre todo, románicas, es un recurso bastante rentable. Por ejemplo, las palabras alemanas das Problem, Pädagogie o anonym son equivalentes a las españolas correspondientes. El catalán llur equivale al francés leur o al italiano loro, y el polaco weterynarza significa veterinario.



4. Diccionario. Consiste en el último recurso, por ser el más lento y exigente en cuanto a habilidades y conocimientos específicos. No es este el lugar para detallar la lista extensa de operaciones (saber buscar en una organización alfabética, conocer las convenciones lexicográficas –barras, número de acepciones, etc.) y datos lingüísticos (formas gramaticales que pueden o no ser entradas de diccionarios –cantar / cantaba / cantado–, tipos de información que contiene, tipos de diccionarios, etc.) que requiere una consulta eficaz de diccionarios.



Cabe destacar que esas cuatro estrategias no son excluyentes entre si, sino que pueden utilizarse al mismo tiempo, en las situaciones ente esto sea posible por las características de la palabra desconocida. De hecho, el proceso de inferir una palabra desconocida sigue en parte el orden anterior de estrategias, como podemos ver gráficamente en el siguiente esquema:






 



En el punto de palabras con significado deducible se incluyen todas las palabras desconocidas e importantes, cuyo significado puede ser inducido a partir de las tres primeras estrategias del listado anterior. De este modo, se reduce todavía más el número de palabras que deben ser consultadas en un diccionario.



EXTRAER INFORMACIÓN DEL CONTEXTO

Para finalizar, vamos a explorar con detalle la segunda estrategia, referida al uso de la información del mismo discurso. Dijimos que los lectores aprendices raramente saben aprovechar los contextos lingüístico y extralingüístico para descifrar una palabra desconocida. Al depender de la lectura lineal, carecen de la capacidad de saber usar informaciones procedentes de otros lugares del mismo texto; sólo saben usar los datos aportados por el texto hasta el punto en el que aparece la palabra en cuestión.



Al contrario, los expertos pueden utilizar todos los datos que incorpora el texto para inferir el posible significado de una laguna léxica. Cuando se encuentran con ella, formulan mentalmente una hipótesis inicial y aproximativa de lo que puede significar aquel vocablo, la cual sólo tiene el objetivo de facilitar la continuación de la lectura completa del texto. Dicha hipótesis se formula con la información gramatical y semántica de las palabras que se encuentran en el entorno inmediato de la desconocida; y tiene la forma, en muchos casos, de un posible sinónimo lingüístico válido para aquel contexto, que el lector utiliza en su memoria de trabajo durante la lectura. Además, la continuación de la lectura permite comprobar la veracidad de la hipótesis inicial o ofrece datos para una reformulación más precisa (en el caso que la palabra desconocida sea importante, su segura reaparición aporta otros contextos en los que verificar las distintas hipótesis formuladas). En conjunto, los expertos saben utilizar cualquier información o detalle que puedan extraer de algún lugar del texto para descifrar las partes que no comprenden del mismo, buscando siempre la coherencia lógica que se le supone.



El siguiente ejemplo puede permitirnos comprobar la anterior especulación y analizar nuestros propios procesos de inferencia. En la siguiente noticia, elegida especialmente para la ocasión, hemos sustituido de manera sistemática dos palabras básicas del texto por dos supuestos vocablos poco conocidos del léxico español, cuyo significado el lector deberá inferir a partir del contexto:





 





Fijémonos que las dos palabras elegidas oscurecen absolutamente la noticia que, por otra parte, no ofrece otras dificultades reseñables de comprensión. Aunque se trate de un género discursivo corriente (noticias breves), que puede ser asequible a todo tipo de lectores, las dos palabras modificadas abren y cierran el significado del escrito e impiden comprender el tema concreto del mismo. Probablemente, los lectores aprendices abandonarían el texto después de una sólo lectura, completa o parcial, con la sensación de fracaso. Al contrario, los expertos deben actuar como verdaderos detectives, rastreando el texto arriba y abajo, recogiendo pistas y detalles que, uno a uno, puedan configurar el valor semántico de los dos vocablos. El siguiente esquema sistematiza y ordena todos los datos que se pueden extraer del texto.





TIPO DE INFORMACIÓN

tomblatal
tali
Datos gramaticales:
sustantivo
sustantivo
masculino, singular
femenino, singular
palabra larga (9 letras)
palabra corta (4 letras)
Contexto discursivo:
un importante tom. de tali
tali de tom. por parte del…
tom. de tabaco en Galicia
los datos de este tom.
–el tom. podría ser… mucho más amplio
otras partidas de tom.
tom. de tali detectado
–3 6.000kg de tali de tom.
cantidades importantes de tali… importada por…
esta tali se vendía
Palabras relacionadas
red, datos, operación, sospecha, camuflar, partidas
confiscación, vendidas, excedentes, revendidos, ilegal, etiqueta de origen
Conceptos relacionados:
se hacen redes de tom.
están implicados industriales y hoteleros
no parece legal
guardia civil, Aduanas, ministerio de Sanidad
etc.
el ministerio de Sanidad la confisca
se guarda en frigoríficos
se compra por toneladas
FORPPA la importa
los hoteles la tienen
los cuarteles la compran
etc.

 



Sólo con estas informaciones ya se puede deducir que tomblatal es algún tipo de acción ilegal, perseguida por la justicia, y que tali es algún producto sólido, posiblemente de alimentación, que se vende, se consume y lleva etiqueta de origen. Así, con esta primera aproximación, ya se consigue una compresión global suficientemente importante del texto, utilizando sólo la información que contiene éste, aunque todavía no se sepa exactamente cuál es el referente concreto de los dos vocablos.



Por otra parte, un lector experto también aprovecha su conocimiento enciclopédico no lingüístico (su experiencia del mundo, sus conocimientos culturales, etc.) para comprender. En este caso un lector español es muy probable que recuerde que las actividades referidas al tabaco en Galicia suelen o solían ser contrabando (sustantivo masculino singular), con lo que ya ha resuelto una de las palabras en cuestión. Con lectores no españoles o sin conocimiento de este hecho, las palabras relacionadas con el concepto (red, detectar, camuflar, guardia civil, ilegal, etc.) conducen inevitablemente hacia el mismo significado.



Respecto a tali, el enigma se resuelve fácilmente si se puede expandir la sigla FORPPA (Fondos de Ordenación y Regulación de Precios y Productos Agrarios), que conduce a un producto comercial comestible, almacenable en frigoríficos y agrario. También con lectores que puedan desconocer esta institución española, no resulta difícil encontrar un producto que reúna las características de anteriores (excepto agrario), y que pueda ser susceptible de contrabando. En las dos opciones, sólo puede tratarse de carne.



En resumen, hemos esbozado-¡quizás a veces de una forma un poco caricaturesca!- la manera como leen los lectores aprendices y los expertos, y también la forma como unos y otros se enfrentan al problema de las palabras desconocidas. Lo más importante de esta reflexión consiste en tomar conciencia de que es necesario ayudar a los lectores aprendices a inferir el significado de las palabras difíciles por vías naturales; que es necesario enseñarles a buscar pistas contextuales, como en el ejemplo de tomblatal y tali; que tienen que limitar el uso del diccionario a los casos imprescindibles. En definitiva, no se tendría que olvidar que, si los árboles no dejan ver el bosque, la obsesión por comprender todas y cada una de las palabras nos puede hacer perder de vista el texto completo. Uno más uno no siempre suman dos.





* Una primera versión de este artículo apareció en la revista catalana Guix, con el título 'Els mots i el text' (Guix. Elements d'acció educativa, 170, 49-54, Barcelona, 1991. ISSN: 0097-3496). Esta nueva versión en español, que actualiza y amplia este texto, se publicó como Cassany, D. "Las palabras y el escrito.", Hojas de lectura, 53, 14-21. Fundalectura. Colombia, 1999. ISSN: 0121-3563.
 En: http://www.educacion.gob.es/redele/revista/cassany.shtml

Imprimir artículo