24/10/2011

Google publica manuscritos bíblicos de hace 2000 años


Alguna vez estuvieron al alcance de un reducido grupo académico. Pero ahora los puede ver todo el mundo. Eso sí, están en idioma original. Unos 2000 años después de que fueron escritos y décadas después de que fueron encontrados en cuevas en el desierto, algunos de los famosos manuscritos del Mar Muerto fueron publicados en Internet ayer por primera vez en un proyecto lanzado por el Museo Nacional de Israel y Google.

La aparición de cinco de los más famosos manuscritos del Mar Muerto en internet es parte de un amplio intento por parte de quienes conservan los celebrados rollos de papel -que alguna vez fueron criticados por permitir que fueran monopolizados por pequeños círculos de académicos- para ponerlos al alcance de cualquiera con una computadora.

Los manuscritos incluyen el bíblico libro de Isaías, el manuscrito conocido como el rollo del templo y tres más.


Quienes paseen por internet pueden buscar las imágenes en alta resolución de los manuscritos para ver pasajes específicos, acercarse o alejarse y traducir los versos a cualquier idioma. Los originales son conservados en cajas de seguridad en un edificio en Jerusalén construido especialmente para albergar los rollos.

El acceso exige al menos tres diferentes tipos de llaves, una tarjeta magnética y un código secreto. Los cinco manuscritos están entre los adquiridos por investigadores israelíes entre 1947 y 1967 por parte de casas de antigüedades, luego de que fueron encontrados por pastores beduinos en el desierto de Judea.

Los rollos, considerados por muchos como el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX, se piensa que fueron escritos o recolectados por una secta judía ascética que huyó de Jerusalén al desierto hace 2000 años y se establecieron en Qumrán, en los asentamientos del Mar Muerto.
Los cientos de manuscritos que sobrevivieron, parcialmente o completos, en cuevas cerca del sitio, han iluminado el desarrollo de la biblia hebrea y los orígenes del cristianismo.
En: http://www.losandes.com.ar/notas/2011/9/27/google-publica-manuscritos-biblicos-hace-2000-anos-596450.asp
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20/10/2011

Noam Chomsky: Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática


                                     
1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.



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13/10/2011

¡No más mutilación de libros!

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Libros mutilados
Mediante murales e  información planean concientizar a los estudiantes, sobre el trato y el cuidado de los libros que se prestan en la biblioteca.

 Por: Danny Solano
colaborador.prensa.1@itcr.ac.cr
Colaborador InformaTEC

¿Sabe usted quienes son asesinos del conocimiento? Son aquellos que con navajas, tinta y descuido, cortan, mutilan, rayan y destrozan el instrumento del saber, los libros.
Una campaña de la Unidad de Circulación de la Biblioteca José Figueres Ferrer del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), llamada “Un alto contra la mutilación de libros”, bajo el lema “al mutilar un libro se comete un crimen contra el conocimiento”, pretende concientizar a los estudiantes sobre el cuidado de los textos que les son prestados.
La idea nació poco a poco, en conjunto con directores de las Escuelas, debido a la creciente problemática. Lidia Gómez de la Unidad de Circulación de la Biblioteca expuso que “había libros a los cuales se les cortaban las páginas e incluso capítulos enteros, les rayaban las hojas… que podrían poseer información sumamente útil”.
Al ser material sumamente costoso, algunos imposibles de conseguir en el país o que habían dejado de ser publicados, hacía mucho más difícil poder recuperar nuevamente esos textos y el valioso conocimiento que tenían.
Otro problema, era que cuando los estudiantes sacaban copias o clonaban las publicaciones en las fotocopiadoras, se abrían mucho los libros y las hojas se despegaban, o su empaste sufría desgaste por el maltrato.
Así nació la idea de crear diferentes murales para que los alumnos, mediante muestras de libros despedazados y otros, hagan conciencia sobre el uso y el cuidado que deben tener cada vez que se les presta un ejemplar.
Hay dos murales que pretender realizar ese proceso de concientización, uno que da a la pared de la segunda planta de la biblioteca, subiendo las escaleras. El otro, se encuentra en la sección de generales, donde además se halla la escena del crimen (se trata de una exposición sobre un libro asesinado).
“Al dañar el material el más perjudicado es el estudiante” sentencia Gómez, preocupada por la situación, para apoyar esas palabras los estudiantes del TEC muestran su descontento cuando solicitan libros y al recibirlos tienen algún daño.
Tal es el caso de Melissa Matamoros, estudiante de Mantenimiento Industrial, para ella “la idea es muy creativa, ya era hora que hicieran algo así, hay libros que definitivamente dan pena… me gustaría que la exposición se hiciera en otros puntos del TEC”.
Karen Brenes y Daniel Gamboa, quienes pertenecen a la carrera de Producción Industrial, también mostraron su descontento con el tratamiento que algunos hacen al material y a la vez mostraron su apoyo a la campaña, “ha pasado que uno encuentra hojas pegadas y rayadas, ojala la campaña ayude a cambiar”, estuvieron de acuerdo los dos.
También, se toman medidas como proteger los libros en buen estado con un sello, así cuando se realiza el préstamo el alumno debe hacer la devolución tal como cuando la recibió, si existe algún daño la persona tiene que pagar el precio del libro y los costos de los diferentes trámites

En: http://www.tec.cr/prensa/Informatec/2009/marzo%20I/n7.html

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Cierran una biblioteca londinense que fundó Mark Twain

Un tribunal británico respaldó hoy el cierre de la biblioteca que el escritor Mark Twain inauguró en Londres en 1900, una de las 400 que el Reino Unido prevé clausurar como parte del plan de ahorro que afrontan la mayoría de administraciones públicas.

POR EFE


Los jueces desestimaron las alegaciones de un plataforma de protesta del barrio de Brent contrario al cierre de seis bibliotecas, la mitad de las que actualmente tiene esta zona al norte de Londres, según recoge la cadena pública británica BBC.
A pesar de que una ley de hace 50 años obliga a los ayuntamientos a ofrecer servicio de bibliotecas, el Gobierno británico ha dado vía libre a los consistorios para que las cierren con el fin de ahorrar ya que consideran que el avance de las nuevas tecnologías e internet las ha hecho obsoletas.
Numerosos campañas se han puesto en marcha para impedir la clausura de cientos de bibliotecas en todo el país, pero la demanda presentada en Brent es la primera acción judicial contra la medida.
Además de la de Kensal Rise, en la que el autor de "Las aventuras de Tom Sawyer" depositó cinco ejemplares de sus obras hace más de un siglo, el distrito tiene intención de cerrar también las puertas de las bibliotecas de Cricklewood, Neasden, Barham Park, Preston y Tokyngton.
Los planes del consistorio londinense han movilizado a miles de personas en los últimos meses, entre ellas, personajes del mundo de la cultura como el músico Nick Cave y los grupos "Depeche Mode" y "Pet Shop Boys".
Una portavoz de la plataforma "SOS Bilbliotecas de Brent", Margaret Bailey, recalcó que la sentencia todavía se puede recurrir, y reclamó al consejo municipal que "considere otras opciones" antes de cerrar los centros, "dada la preocupación por el asunto que han demostrado los residentes del barrio".

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24/09/2011

"Cuando te hacés amiga de tus hijos los dejás huérfanos..."

Jueves 01 de septiembre de 2011 | 01:05 - Por Any Ventura | 

...me dijo mi hija antes de terminar la conversación. Esta mujercita, madre de una niña de 12 y de un varón de 15, me dejó muda. No supe qué contestar. Y por supuesto, me quedé pensando. Por empezar me pregunté quién le habría enseñado tan contundentes y sabias palabras. También me pregunté si me las estaba diciendo a mí, o se las estaba diciendo a ella misma en relación con sus propios hijos. Me dio orgullo y temor al mismo tiempo. Orgullo porque descubrí en ella una sabiduría que a toda madre le llena el alma de cariño. Y temor porque quizás había una crítica a mi lugar como mamá.

También me sirvió para reflexionar acerca de esta forma tan cruda de plantear los temas que tienen los más jóvenes. Pero me pareció un hallazgo para compartir con otros padres. No cabe duda de que es una verdad inapelable. Las madres de mi generación sabíamos esto y quizás nos costó aplicarlo. Porque poner límites es ir a un enfrentamiento, es aguantar el enojo de nuestros hijos. Es sostener una argumentación o algo mucho más fuerte: es ejercer el poder y sus resultados. ¿Lo habremos aplicado ¿Habremos entendido bien su sentido? No lo sé.

Marcelo Urresti, uno de los sociólogos que más estudió el tema de los jóvenes, sostiene que "en los años 70 las culturas juveniles eran patrimonio exclusivo de los jóvenes. Pero hoy son patrimonio de toda la sociedad". No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de la sobrevaloración de la imagen adolescente. Vemos desfilar mujeres y hombres que desean más que nada en la vida ser jóvenes, y a niños que también desean ser jóvenes. Toda la industria indumentaria, toda la tecnología, está orientada a ser jóvenes o parecer jóvenes. Así actores, personajes de las revistas, parecen adolescentes de 40, 50 o 60 años. Entonces bien vale preguntar a los hijos de esas personas: ¿Qué espacio les queda?. Y me lo preguntaba a mí misma.

Si el padre quiere hacerse amigo de su hijo, en un punto no asume ninguna de las responsabilidades que le corresponden a un padre. Como por ejemplo decir que NO. Poner límites. Okey, los jóvenes, por el sólo hecho de serlo debieran tener ese espacio para transgredir, para romper mandatos, para incumplir normas para crecer, para madurar. ¡Pero los padres quieren lo mismo! ¿Cómo se resuelve este conflicto?

Siempre se ha dicho que los adolescentes son los que denuncian los problemas de una sociedad. Le dicen al mundo la verdad en la cara. No respetan ninguna convención, Para eso están los adultos para ponerles un freno, una contención a tanta ebullición. Tener un hijo, criarlo, también es confrontar nuestros propios deseos con los de esa otra persona que depende de nosotros. Deberíamos entender que nuestros hijos buscan grupos de pares para estar, para compartir espacios. Los clubes, el cibercafé, la discoteca, la calle. Nosotros no somos sus pares, somos sus padres. Y esos monstruos que nos aterran como la violencia, el sexo y las drogas desafían nuestra propia responsabilidad frente a esta sociedad.

Me pregunto si un joven quiere usar su cuerpo como ofrenda de rebeldía con incrustaciones, piercing, tatuajes, cuando sus padres también se tatúan y, además, van a los mismos recitales que sus hijos: ¿Como hace un hijo para separarse de esa tutela ,de esa mirada falsamente amiga que le copia paso a paso sus destellos de libertad? En mi época se hablaba de límites y circulaba una hermosa frase que usábamos para la ocasión: "Agarrame fuerte y dejame ir". Pero como creo que las generaciones se superan, Florencia tiene más sabiduría que su madre y me retrucó "Cuando nos hacemos amigos de nuestros hijos, los dejamos huérfanos". Y tiene razón..

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21/09/2011

Internet no debilita la memoria

El debate sobre los efectos del uso intensivo de la web en nuestra mente

Por Facundo Manes  | Para LA NACION
Desde hace un tiempo, los titulares del mundo se hicieron eco de supuestos efectos amnésicos de Internet, como si Google fuera una maldición en el hipocampo. Como una extraña paradoja, supimos de esto a través de esa misma tecnología acusada de ser promotora de la holgazanería de nuestro cerebro. Quiero referirme en particular a la nota que leí en este mismo diario el mes pasado, escrita por Mario Vargas Llosa y titulada " Más información, menos conocimiento ".

Como se ve, la hipótesis es muy clara y contundente desde el título, y con buen tino hace prever el tema que tratará y su desarrollo argumentativo. En el último párrafo de la columna, el premio Nobel peruano dice: "Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos que describe en su libro [se refiere a Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? , de Nicholas Carr]". Atendiendo a estas salvedades explicitadas por Vargas Llosa, recuerdo que mientras leía la nota ese sábado por la mañana pensaba en lo conveniente de poder aportar información sobre ciertas investigaciones que se están realizando desde la neurobiología y, así, complementar las apreciaciones realizadas.

Lo que sugieren los estudios apocalípticos sobre Internet citados en el artículo es que los procesos de la memoria humana se están adaptando a la llegada de nuevas formas de tecnología y comunicación. Y que esta adaptación es perniciosa para el cerebro porque lo libera de un entrenamiento necesario para su buena salud: "Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos", dice Vargas Llosa sintetizando estas posturas. Debemos recordar que, para nuestra evolución, este proceso adaptativo no es novedoso ya que, por ejemplo, hemos aprendido desde tiempos remotos que cuando no sabemos algo podemos preguntarle a otra persona que sí lo sabe o, muchos siglos más acá, consultar documentos escritos o bibliotecas para transformar la duda en una certeza. En este caso que refiere Vargas Llosa, estamos aprendiendo qué es lo que la computadora "sabe" y cuándo debemos acceder a su "conocimiento" para asistirnos en nuestro propio recuerdo.

En otras circunstancias ya se dio de igual modo la misma preocupación por las novedades tecnológicas ligadas a la información y el impacto en nuestra mente. Sin embargo, el ser humano aún goza de buena salud. Estos procesos críticos nos permiten, más bien, dar cuenta de un aspecto fundamental de nuestra conformación biológica: la naturaleza limitada de la propia memoria. Como con todo bien limitado, actuamos en consecuencia protegiéndolo y utilizándolo con un sentido de la oportunidad. Si aprendemos que la capacidad para acceder a un dato está tan sólo a una búsqueda de distancia en Google, decidimos entonces no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información, sino a cómo acceder a la misma.

A diferencia de lo que plantea Vargas Llosa en su artículo (que la inteligencia artificial "soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, sus esclavos", por ejemplo), buscar instintivamente la información en Google es un impulso sano. Todos hemos utilizado Google para bucear en recuerdos vagos o corregir algún dato inexacto.

Sobre este último punto, muchas veces también se desestima la autoridad de los datos extraídos de Internet, ya que no es el lugar más confiable para precisiones y exactitudes. ¿Y quién puede decir que sí lo es nuestra memoria? Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas. La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente, en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos la memoria de un hecho, ésta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria como una nueva memoria, contiene información adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento tal como se ha manifestado en la realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a la memoria.

El uso de la Web como un banco de la memoria es virtuoso. Nos ahorramos espacio en el disco duro para lo que importa y, en todo caso, entendiendo a Internet como una red, nos trae a cuenta una información variada, un conjunto de voces frente a las cuales el usuario es soberano. Si un hecho almacenado en forma externa fuese el mismo que un hecho almacenado en nuestra mente, entonces la pérdida de la memoria interna no importaría mucho. Pero el almacenamiento externo y la memoria biológica no son la misma cosa. Cuando formamos, o "consolidamos", una memoria personal, también formamos asociaciones entre esa memoria y otros recuerdos que son únicos para nosotros y también indispensables para el desarrollo del conocimiento profundo, es decir, el conocimiento conceptual. Las asociaciones, por otra parte, continúan cambiando con el tiempo, a medida que aprendemos más y experimentamos más. La esencia de la memoria personal no son los hechos o experiencias que guardamos en nuestra mente, sino "la cohesión" que une a todos los hechos y experiencias.

No existe ninguna evidencia científica de que las nuevas tecnologías estén atrofiando nuestra corteza cerebral. Lo que sí podemos aseverar es que fue esa misma tecnología la que nos permitió estudiar el cerebro en vivo a través de, por ejemplo, la resonancia magnética funcional, y, con ella, conocer más del cerebro en las últimas dos décadas que en toda la historia de la humanidad. Estas investigaciones nos hicieron posible, además, precisar y tratar ciertas enfermedades neurológicas inabordables hasta hace poco tiempo.

En el célebre Fedro de Platón se cuenta el diálogo que mantuvieron el rey Tamo y Theuth sobre la invención de la escritura. Theuth está exultante por esta novedad que, dice, servirá para aliviar la memoria y ayudar a las dificultades de aprender. El rey lo refuta y dice que la escritura "sólo producirá el olvido, pues les hará descuidar la memoria, y filiándose en ese extraño auxilio, dejarán a los caracteres materiales el cuidado de reproducir sus recuerdos cuando en el espíritu se hayan borrado". Tampoco la escritura, dice el rey, será un buen instrumento de las personas para el conocimiento, "pues cuando hayan aprendido muchas cosas sin maestro, se creerán bastante sabios, no siendo en su mayoría sino unos ignorantes presuntuosos". Aquellos argumentos que hace miles de años justificaban el malestar sobre la escritura, hoy se reiteran con una similitud sorprendente para Internet, habiendo virado hacia el lado del bien eso que antes fue maldito.

Como no lo hicieron la escritura artesanal ni la imprenta, Internet no corroerá los mecanismos eficaces de pensamiento, ya que las virtudes de la interacción social siguen siendo centrales para comprender. En un experimento realizado por Patricia Kuhl y colaboradores en Estados Unidos, tres grupos de bebes que se criaron escuchando exclusivamente inglés fueron entrenados: un grupo interactuaba con un hablante del idioma chino en vivo, un segundo grupo veía películas del mismo hablante y el tercer grupo sólo lo escuchaba a través de auriculares. El tiempo de exposición y el contenido fueron idénticos en los tres grupos. Después del entrenamiento, el grupo de bebes expuesto a la persona china en vivo distinguió entre dos sonidos, con un rendimiento similar al de un bebe nativo chino. Los bebes que habían estado expuestos al idioma chino a través del video o de sonidos grabados no aprendieron a distinguir sonidos, y su rendimiento fue similar al de bebes que no habían recibido entrenamiento alguno. Esto indica que la clave del conocimiento, la memoria y el desarrollo de la especie sigue siendo no lo que el individuo hace consigo mismo ni con la tecnología, sino el puente que construye con sus semejantes.

Mario Vargas Llosa dice que después de leer de un tirón Superficiales de Nicholas Carr quedó fascinado, asustado y entristecido. Una respuesta desde la neurobiología quizá pueda morigerar esa apesadumbrada sensación. Pero también otra desde la intuición. En general, las personas siguen conversando sus cosas además de escribir y leer atentamente, y también usan cotidianamente Internet. De hecho no sería extraño ver en un mismo bar de una ciudad como Buenos Aires a dos viejos amigos que conversan efusivamente de la vida, mientras en otra mesa un profesional termina un proyecto en su computadora personal y, en otra de más allá, una mujer o un hombre de cualquier edad está encantado leyendo un libro de la literatura latinoamericana.
El autor, neurobiólogo, es director de los institutos de Neurociencias y de Neurología Cognitiva de la Universidad Favaloro
© La Nación.

En: http://www.lanacion.com.ar/1404942-internet-no-debilita-la-memoria
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17/09/2011

Martín Fierro vs. Facundo: un debate sobre nuestra historia

08/09/11 Del gaucho “traidor” al caudillo valiente, dos arquetipos culturales en disputa.

 
Una pregunta que tiene algo de adivinación seguramente tenga muchas respuestas posibles. Casi un juego: ¿qué hubiera pasado si ...? En el marco del “Homenaje a Sarmiento” por los 200 años de su nacimiento, que hasta el sábado 17 se hace en el Centro Cultural Ricardo Rojas, cuatro especialistas buscaron responder a esta pregunta: “¿Y si Facundo fuera nuestro clásico nacional?” Vale decir: éste ¿sería otro país si el clásico no fuera el Martín Fierro?, ¿tendríamos otra literatura, otra historia? El guante en realidad lo arrojó el escritor Jorge Luis Borges, quien en Prólogo de prólogos , en 1944, escribió: “El Martín Fierro es un libro muy bien escrito y muy mal leído. Hernández lo escribió para mostrar que el Ministerio de la Guerra hacía del gaucho un desertor y un traidor. Leopoldo Lugones lo propuso como arquetipo. Ahora padecemos las consecuencias”. En 1974, Borges agregó una posdata a ese comentario, que prologaba Recuerdos de provincia, también de Sarmiento: “Ya se sabe la elección de los argentinos. Si en lugar de canonizar el Martín Fierro, hubiéramos canonizado el Facundo como nuestro libro ejemplar, otra sería nuestra historia y sería mejor”. Un debate que vuelve a poner sobre la mesa, gracias a esa aguja borgeana, la fórmula de Sarmiento: “civilización o barbarie”.

De la mesa reunida para develar “esa adivinación retrospectiva”, esa conjetura formulada por Borges, participaron los especialistas Cristina Iglesia, profesora de Literatura del siglo XIX de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Jorge Monteleone, investigador del Conicet y poeta, Martín Prieto, profesor de Literatura Argentina en la Universidad de Rosario, y autor de Historia de la literatura argentina y Martín Kohan, escritor y docente, coordinados por Alejandra Laera.
Para Iglesia, la de Borges no es una propuesta de cambio si no una queja. “Estoy de acuerdo con él, aunque por razones literarias distintas: como lectora y crítica, prefiero la prosa de Facundo, un texto arduo y bello. Lo prefiero a la melodía facilona del Martín Fierro, llorona, un poema tan servicial, tan gauchito, merece ser el clásico de un país, o de una zona del país, para el que la queja, y no la lucha, es el primer gesto de identidad”.
En 1913, en una serie de conferencias, Lugones postula el Martín Fierro como un emblema de “la formación del espíritu nacional”. Y, la figura del gaucho, “un paradigma de la nacionalidad”.

Monteleone dijo que “no se trataría de cambiar la historia, sino de sustituir un mito. Cuando Borges se refiere al Martín Fierro como historia, lo devalúa”. Monteleone tiene una hipótesis: “la canonización del Martín Fierro es un efecto de la previa canonización del Facundo, y no una sustitución”.

Las intervenciones de Prieto y Kohan sumaron otro nombre al tablero: para ellos el problema, la preocupación de Borges no eran Sarmiento ni Hernández, sino Perón. “Eso venía sucediendo desde 1943”, dijo Prieto. Y siguió: “En todo caso, Sarmiento es un antídoto retórico, literario, acorde con la misma formulación, retórica y literaria, del problema: la del peronismo. Sarmiento es nuestro clásico porque su tradición se manifestaba sobre todo en la literatura, pero no tenía potencia política”. Y se preguntó –cabe agregar qué pasaría – si no son “Borges y Leónidas Lamborghini nuestros clásicos”. Para Kohan, “se cita demasiado la dicotomía ‘civilización o barbarie’, pero el texto se ignora. Creo que Borges pedía leer el Martín Fierro en clave de Facundo.
La barbarie la narra siempre la civilización y cuando se narra la barbarie, el que escribe es el civilizado.”


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11/09/2011

Recordando a David Viñas

13/03/11 En una sala repleta, lo recordaron Piglia, Sarlo, Jitrik, Serrano, Mizraje y muchos más.

PorEzequiel Alemián
ESPECIAL PARA CLARIN 

En un auditorio colmado de gente de varias generaciones, la Biblioteca Nacional homenajeó ayer a David Viñas. “¿Le hubiera gustado a David este acto?”, se preguntó Horacio González, director de la institución. La respuesta fue unánime: “no”. Y después el auditorio entero se rió de la situación. González definió a la práctica de Viñas como la de “dar vueltas las hojas de una polémica incesante”.
Américo Cristófalo recordó que mientras estaba internado, Viñas comparó la sala de terapia intensiva con un barco, y mencionó la palabra “box”, que quienes lo acompañaban confundieron con un pedido de cigarrillos. “El viaje y la pelea son dos metáforas que lo definieron siempre”, dijo Cristófalo.
Se proyectó el video de una clase, del año 2009, en la que se ve a Viñas leyendo España, aparta ese cáliz de mí , de César Vallejo; Cristina Banegas leyó fragmentos de una de sus novelas.
Después, el primero de una larga lista de oradores fue Ricardo Piglia, quien recordó que la figura de Viñas funcionó, para los intelectuales de su generación, como la gran referencia para pensar las posibilidades de ser un escritor de izquierda. “¿Hay una manera de escribir propia de la izquierda?”, recordó Piglia la pregunta que se formulaban leyendo a Viñas.
María Gabriela Mizraje contó que días antes de su internación, Viñas le pidió que lo acompañara a despedirse de la Laguna de Monte, y que llegando al lugar, ya en zona de campos, él se asomaba a la ventanilla del auto y gritaba “¡Van Gogh!, ¡Van Gogh!”.
Después Beatriz Sarlo se refirió a sus dos grandes maestros: Jaime Rest y Viñas. “No podían ser más diferentes”, dijo. De Viñas subrayó su capacidad para sintetizar poder de observación y escritura, y la desfachatez con que escribía. “Era revelador porque leía todo a contrapelo”, aseguró.
En nombre de sus alumnos, Gabriela García Cedro eligió como las mayores enseñanzas de Viñas “la necesidad de pensar en series, el impulso a atravesar los textos, y la obligación casi de razonar siempre en contra de uno mismo”.
Raúl Serrano recordó que la coherencia de Viñas hizo que muchas veces estuviese aislado, pero que esa conducta, y la disciplina de pensar siempre en contra de uno, fueron dos rasgos ejemplares, que, dijo Serrano, “uno ha aprendido de él que son imprescindibles para seguir peleando”.
Soledad Silveyra leyó un fragmento de una obra de Viñas sobre Trinidad Guevara y se despidió diciendo: “si a alguien recuerdo con mucho amor, es a quienes me han enseñado a vivir un amor distinto. Es para las alumnas de David, que siempre estuvieron con él”.
Ana María Zubieta lo despidió en nombre de la Facultad de Letras, y Noé Jitrik recordó los sesenta años de relación que tuvo con Viñas: “treinta muy juntos, y treinta muy separados”. “Me dio la posibilidad de repensar la forma en que yo mismo podía introducirme en el campo de la literatura”, dijo.
Daniel Freidemberg definió a Viñas como uno de los grandes poetas de la Argentina. “Amaba las palabras, y como muy pocos se dejó ganar por la fuerza del lenguaje”, dijo.
Al cierre de esta edición, los amigos seguían recordándolo.

Diez libros imprescindibles

La Biblioteca Nacional dio a conocer una carta escrita por Viñas hace pocos meses en la cual enumera los que considera los 10 libros ineludibles para comprender la cultura argentina.
En el orden en que los puso, son: Viajes, de Domingo Faustino Sarmiento; Muerte y transfiguración del Martín Fierro, de Ezequiel Martínez Estrada; El juguete rabioso, de Roberto Arlt; Cuentos, de Rodolfo Walsh; Fundación mitológica de Buenos Aires, y Sur, de Jorge Luis Borges; Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla; Poemas dedicados a Negrita, de Baldomero Fernández Moreno; Los gauchos judíos, de Alberto Guerchunoff; Zogoibi, de Luis Emilio Soto, y Organito, de Discépolo.

28/08/2011

Cartografía de los libros usados

Desde una edición de “El Príncipe y el Mendigo” con dibujos de Carlos Freixas y traducción de Elsa Oesterheld hasta una versión de lujo de “Superman” sorprenden a un paciente rastreador de librerías de viejo.

POR Marcelo Birmajer

    Todo comenzó hace 25 años. Me había exiliado en el barrio de Florida, al borde de la Panamericana. Para llegar al Once tenía que tomar el colectivo 60. Habitaba una pieza en una casa de dos pisos. El piso de abajo lo compartían una ex monja y un ex JP, que eran pareja, más una amiga de la monja; arriba, un kiosquero, un músico y un servidor. El muchacho de abajo se despertaba fumando marihuana y se iba a dormir inhalando sustancias que quitan el sueño, de modo que nos atormentaba con una música indefinible, a todo volumen, de seis a seis. En esas circunstancias yo había comenzado a trabajar en la revista Fierro, y su director, Juan Sasturain, me había prestado un libro selecto: Williard y sus trofeos de bolos, de Richard Brautigan.
Siempre he sido de perder todo lo que toco, y en aquellos meses del invierno del 87, cuando no dormía más que unos pocos minutos por día, mi incapacidad recrudeció. Pero por medio de distintos artilugios, y por una ciega y férrea voluntad, de algún modo logré retener hasta el último de los trofeos de bolos de Williard. Eran aquellos primeros libros de Anagrama que llegaban al país: tapas blancas con dibujos colorinches. Mucho Bukowski, mucho “polla”, “chaval”, “follar”; varios recién nacidos escritores argentinos mechaban en su prosa el vocabulario de las traducciones del ya envejecido destape español. Yo leía muy orondo, en el colectivo 60, aquella prosa de los sesenta entre beatnik y despiadada, feroz y graciosa, pornográfica y mística. Eran libros que olían a nuevo y a importado en muchos sentidos distintos, pero a la vez eran la buena y vieja literatura, la misma que hacíamos acá cuando los españoles ni siquiera podían traducirla. Hizo falta mucho más que mis propios descuidos para arrebatarme ese libro.
Una noche negra como la del largo exilio del pueblo de Israel, me bajé del 60 en la parada incorrecta. Busqué entre las tinieblas el sendero del regreso. Pero los pájaros de la muerte se habían comido las pistas de migas de pan. Un asesino vocacional, proveniente de la Villa Miseria lindera, me asombró alzando un rodillo de pintura por sobre mi cabeza y, con la otra mano en el bolsillo, ordenando: “Vamos para la villa, vamos para la villa”.
Nunca olvidaré ese rodillo de pintura alzado como un arma, blanco en el medio de la noche. El grito en susurros de arreo no era una invitación a conocer otra cultura, ni al diálogo; era la vieja canción del verdugo, del opresor, disfrazado de pobre, de víctima. Antes de esa noche, durante esos minutos de zozobra y por el resto de mi vida, supe lo mismo: el que alza un arma contra el inocente es el opresor, no importa su clase social, ni sus antecedentes ni sus motivaciones: no todos estamos capacitados para salvar vidas; pero todos estamos capacitados para no matar ni amenazar. Por supuesto, no acepté su invitación. Aunque siempre le he tenido miedo a los perros y a los ladrones, respondí: “De acá no me muevo”. Prefirió llevarse todas mis pertenencias. Un impermeable, una de las pocas herencias que me dejó mi padre, fallecido dos años antes de este suceso. Algunos billetes de muy baja denominación. Un reloj, regalo de fin del secundario. Y el tesoro que para ese alcahuete nada representaba ni valía: Williard y sus trofeos de bolos, dentro de una mochila con una palta y una botella de jugo de limón Minerva, cuya etiqueta advertía a los consumidores con un haiku que preserva mi memoria y no aparece en Google: El sedimento es pulpa que precipita.
El sedimento, como la memoria, es pulpa que precipita. Permítanme considerar la recién acabada primera parte de este no tan largo relato como un flashback in media res, como el comienzo de El escudo averno de Asterix. Es el único episodio de los realizados por Goscinny y Uderzo que se inicia con una referencia al pasado cercano, relativamente lejos del tiempo y el lugar de la aldea de Asterix, específicamente a la derrota, en Alesia, del jefe averno Vercingetorix, quien arroja sus armas, entre ellas el escudo del título, a los pies del César. El resto de la historieta transcurrirá más de veinte años después, cuando regresamos al presente de la aldea gala invencible. Del mismo modo yo comienzo esta crónica con el recuerdo de aquel libro robado para llegar a nuestros días, veinticinco años después, específicamente al momento cuando viniendo de mi casa, en Constitución, rumbo a mi oficina, en el Once, creo divisar la colección completa de los viejos libros blancos y colorinches de Anagrama. La colección completa es un decir: son muchos, blancos, uno al lado del otro. En ese momento no tengo tiempo de detenerme, pero lo registro en mi memoria. Dentro de un par de semanas debo compartir una mesa redonda con Sasturain, en Rosario: un homenaje a Fontanarrosa. ¿Qué tal si me aparezco, un cuarto de siglo después, con el recuperado libro de Brautigan? Mi vida oscila entre la sobreocupación y el ocio malsano. Hay semanas en que no alcanzo a completar el trabajo que se me pide, otras en que no me alcanzan las manos para rascarme. La semana siguiente al descubrimiento del botín de los viejos de Anagrama en la librería de usados sobre la avenida Entre Ríos, es de esas en que me pregunto cuál es mi función en la vida. ¿Para qué sirvo? ¿Por qué no estoy haciendo algo útil? Mejor salir en busca de aquel libro robado. Pero cuando llego, la colección de Anagrama no está. El vendedor no es el mismo, pero parece saber que alguien pasó y se llevó todos los “libros blancos”. Tiene que ser obra de un malhechor. Finalmente, aquel ladrón era un hechicero y me ha perseguido en el tiempo, hasta mi penosa adultez. Las cosas que ganamos, las ganamos sólo por un tiempo. Pero las que perdemos, las perdemos para siempre. Y es un consuelo estúpido, cobarde, recitar en tono plañidero el adagio: “Si lo perdiste, nunca fue tuyo”. Por supuesto que se pierde, por supuesto que fue tuyo, por supuesto que nunca más lo recuperarás, por supuesto que nunca más te recuperarás.
En la misma librería encuentro una edición incunable de El Príncipe y el Mendigo, de Mark Twain, del tamaño de la palma de mi mano, con dibujos de Carlos Freixas y traducción de Elsa Oesterheld, la ahora viuda y por entonces esposa del autor de El Eternauta. Se lo llevaré a Rosario, a modo de indemnización, a Sasturain, por el libro de Brautigan robado en segunda instancia por el hechicero.
El día no se ha salvado, pero tampoco hundido. En una editorial a la altura de la avenida Independencia me aguarda un cheque. No es gran cosa, pero yo tampoco soy gran cosa: de modo que los pequeños cheques y yo nos entendemos. Otra librería de usados, sobre la calle Montevideo, una cuadra antes de llegar a la avenida Rivadavia, exhibe un álbum de historieta más poderoso que cualquier evento presente Superman vs Muhamad Alí, Deluxe Edition, dibujo: Neal Adams, guión: Denny O`Neil.
Leí esa historieta hace 34 años, en castellano. Aunque nunca fui devoto de los personajes de la DC, ese episodio en particular me fascinó. Los extraterrestres, como siempre, quieren destruir la Tierra, pero nos darán una última oportunidad: nuestro principal gladiador debe luchar contra el mejor de ellos. Sin embargo, ¿quién es el mejor representante de la Tierra para este combate, Superman o Muhamad Alí? Alí pretende imponerse con el argumento de que no sólo es el mejor, sino de que, a diferencia de Superman, él es terráqueo. Superman contrapone que él es naturalizado terráqueo, y que se ha jugado por la Tierra tantas veces que tiene el mismo derecho que Alí a defenderla.
Finalmente juegan una semifinal –Superman despojado de sus superpoderes– en la que triunfa Alí. Es un episodio majestuoso. 34 años después, perdido ese volumen por la acción del tiempo, en la puerta de vidrio de la librería cuelga un cartelito que reza: “Enseguida vuelvo”. ¡Enseguida vuelvo! Eso fue lo mismo que me dijo la historieta el día en que la perdí. Lo mismo que me dijeron cada una de las cosas que perdí en mi vida. Pero igual que el dueño de esta librería, no vuelven. Todavía no volvieron.
Lo espero, pero no más de lo que me permite el horario de la editorial: puedo pasar a buscar el cheque de 11 a 12.30, y yo nunca hago esperar a un cheque. Me marcho con la esperanza de que la historieta de Alí contra Superman no me haga el mismo chiste que la colección blanca de Anagrama; de que los poderes del hechicero no lleguen tan lejos, de que se haya despojado de ellos como para librar una batalla justa entre mi persona, en representación del recuerdo, del sedimento, de la decencia; contra el olvido, los ladrones y los falsos progresistas. ¡Qué suelte su rodillo y pelee como un hombre!.
En la editorial no sólo me aguarda el cheque, sino la posibilidad de cambiarlo de inmediato y, dadas las coordenadas geográficas, premiarme con una visita al restaurant del centro cultural japonés, sobre la avenida Independencia.
Pero llegando a destino, no casualmente por la calle Estados Unidos, descubro, al 600, una librería de usados en inglés, Walrus. Desde la vidriera me recibe un libro de conversaciones con Truman Capote. Subrayo “con”, porque he leído muchos reportajes de Truman Capote “a”, por ejemplo, Brando; o la aguafuerte sobre Marilyn Monroe. Pero este libro son reportajes que le han hecho a Truman Capote, él como entrevistado. Todavía no entro. Voy al restaurant japonés, me pido un sashimi teishouko, dejo el abrigo en la silla, y regreso a la librería. ¡Podré mirar libros mientras me preparan la comida! ¡No padeceré ansiedad ni hambre anticipada! El día está muy cerca de ser un éxito. El sedimento es pulpa que precipita.
Atiende la librería un joven de no más de veinte años. Hace cerca de tres meses que terminé de leer el segundo tomo, y yo creía que último, de las memorias de Kissinger. 1.062 páginas cada uno. Pero la ineludible Internet me revela una cuenta pendiente: hay otras 1.062 páginas, Years of Renewal, la administración Ford. El libro es inconseguible. En Amazon lo ofrecen solamente usado, y no lo envían a la Argentina. Pero ya que estoy en la librería en inglés, le preguntaré al librero, seguramente un analfabeto que no sabe siquiera quién fue Kennedy, si tiene algo de Kissinger. El muchacho se lleva una mano al mentón y me recita, en tono casual, sin pretensiones, los títulos de los tres, repito, los tres, tomos de las Memorias de Henry Kissinger.
Son muchos milagros en un solo momento: el librero, de no más de veinte años, es un erudito, un genio, un prodigio. El Mozart de los libreros. Me avergüenzo de mis prejuicios contra la juventud. El libro sale nada más que 75 pesos, menos de la mitad de lo que me hubiera costado en Amazon, si me lo hubieran querido vender. Felipe, se llama el librero. Es mi nuevo ídolo.
Para encontrarle un título a mi nota, unifico todo este episodio –el encuentro casual de la librería, el librero prodigio, la aparición del libro– en un solo milagro.
El siguiente es cuando, caminando de regreso a mi barrio, paso por la librería de usados de la calle Montevideo, y aún están allí Alí y Superman, a punto de pelear, de representar, 34 años después, una vez más su papel por la supervivencia de la Tierra. Tal vez nunca consigan salvar este planeta. Pero, por hoy, me salvaron a mí.

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/no-ficcion/Cartografia-libros-usados-librerias-viejo-birmajer_0_539346079.html
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23/08/2011

Queríamos (y odiábamos) tanto a McLuhan...

Se cumple un siglo del nacimiento del pensador canadiense, creador de metáforas célebres, como "la aldea global" y "los medios como ambiente". Aun quienes lo critican por sus ambivalencias admiten que abordó el tema de la comunicación con notable visión de futuro

Viernes 15 de julio de 2011 | Publicado en edición impresa -Nota de tapa / Medios y mensajes
Por Ana María Vara - Para LA NACION

¿Utopista o apocalíptico? ¿Aristócrata de las letras o gurú de los nuevos medios? ¿Pensador de avanzada o delirante? En Marshall McLuhan esas oposiciones no se excluyen. Tampoco se acomodan tranquilizadoramente en una sucesión cronológica: aunque es posible trazar el recorrido de sus ideas, que se van explicitando a lo largo de cuatro décadas, no puede argumentarse de manera unívoca que su pensamiento se desplazara del punto A al B mientras se enumeran sus libros.
A poco de cumplirse el centenario de su nacimiento, el próximo jueves, y a más de treinta años de su muerte, la obra de McLuhan resulta tan sugestiva e incómoda como en sus inicios. Su "mensaje" sigue vivo, fascinante y abierto. Así como tempranamente se lo quiso y se lo denostó, a la vez, por conservador y por hippie, hoy es retomado tanto por autores que celebran la era digital como por quienes la reprueban y la temen. Musa honoraria del artista Andy Warhol, cómplice de los magnates de los medios para el crítico de la cultura Raymond Wiliams y un joven Jean Baudrillard, genio en la línea de "Newton, Darwin, Freud, Einstein y Pavlov" para el escritor Tom Wolfe, personaje de Woody Allen en Annie Hall, donde aparece en un cameo; "santo patrono" de la revista hipertecnológica Wired; profeta que alerta sobre el fin de la política y el pensamiento riguroso, según un humanista como Neil Postman; más recientemente, augur del "capitalismo metafísico" y el mundo de los derivatives, que llevaría a la crisis financiera de 2008, para el crítico Scott Lash: algún nervio de la cultura contemporánea ha tocado quien proyecta una imagen tan intensa y caleidoscópica.
En su itinerario, cinco ciudades son cruces vitales e intelectuales: Winnipeg, Cambridge, Saint Louis, Toronto y Nueva York. Canadiense y nieto de canadienses de origen irlandés, McLuhan creció en un ámbito semirrural hasta que la familia se mudó a Winnipeg, donde estudió en la Universidad de Manitoba. Allí completó un bachellor y un máster en literatura.
A los veinte años, ya se conocía a sí mismo lo suficiente como para describir con precisión su modo de discutir: "Me gusta argumentar contradiciendo los hechos (por diversión). Es bastante fácil sostener una posición en contra de cualquiera, especialmente si uno conoce el caso por completo (a favor y en contra) mientras que tu oponente sólo conoce un lado, no importa si bien o mal". Y a los veintiuno, ya reflexionaba sobre los medios de comunicación y vagamente delineaba su primer libro, que escribiría dos décadas más tarde: La novia mecánica , un estudio sobre la cultura popular y la publicidad. Tras escuchar una conferencia sobre economía, apuntaba en su diario, entre el espanto y la admiración:
La sobreproducción resulta en un fuerte ataque al bolsillo del individuo. Siempre se apela a un sentimiento poderoso: miedo, orgullo, sexo, riqueza, ambición, etc. En cincuenta años, si no incurren en extremos absurdos, un volumen con los eslóganes y trucos publicitarios de 1930 va a resultar una lectura más interesante que cualquier otra cosa escrita por esta generación.
Mientras completaba su tesis de maestría sobre el poeta victoriano GeorgeMeredith (1828-1909), se presentó a una beca para Cambridge. Llegó en octubre de 1934 y se integró inmediatamente a la rutina de clases, conferencias, discusiones y remo. Para un estudiante que organizaba sus veranos como ciclos de lectura y se lamentaba de que los exámenes en la Universidad de Manitoba sólo duraran dos horas, el ambiente deCambridge resultó adecuado. No se le ocurrió lamentarse de que la magna institución británica le exigiera recomenzar desde el bachellor : por entonces nadie creía en la globalización educativa y todos los títulos tenían que revalidarse.
De la lista de profesores e intelectuales que conoció en aquellos años, Gilbert Keith Chesterton fue quien dejaría una marca más profunda en su formación, al resultar una influencia decisiva en su conversión al catolicismo. "Conozco cada palabra de su obra: es responsable de mi entrada en la iglesia. Escribe por paradojas, lo que lo hace difícil de leer, o difícil con el lector", escribió McLuhan. Al caracterizar el estilo de su maestro, el canadiense parece estar hablando del suyo, hecho de juegos de palabras, de contrasentidos, de alusiones, de figuras literarias. "El medio es el mensaje", la sentencia más conocida de McLuhan y la que condensa de manera más clara su aporte al estudio de la comunicación, fue caracterizada como "una paradoja chestertoniana" por uno de sus biógrafos, W. Terence Gordon, profesor de la Universidad Dalhouise, de Canadá. Con ella, McLuhan "nos invita a la reflexión y nos desafía a internarnos en sus profundidades, a interpretarla, a continuarla, a entenderla transformándonos en su contenido, el verdadero principio que propone la frase".

Para seguir leyendo: En: http://www.lanacion.com.ar/1389005-queriamos-y-odiabamos-tanto-a-mcluhanel-estilo-es-el-mensajeel-artista-como-maestro-la-luz-l

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10/08/2011

¿De papel o e-book?, un debate actual

En el Malba / Tercera jornada de Experiencia adn
Tres especialistas dialogaron sobre el futuro del libro tradicional y su convivencia con el formato electrónico

"Hoy haré el papel del abogado del diablo por partida doble -prometió Ariel Torres, editor del suplemento Tecnología de LA NACION, en su introducción-: no sólo me crié entre libros y mi casa está llena de ellos, sino que también soy un gran consumidor de libros electrónicos. Mi impresión es que ambos formatos son complementarios."
Así comenzó el debate sobre la irrupción del libro electrónico ( e-book ) y su convivencia con el libro tradicional, que se realizó ayer en el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba-Fundación Costantini).
El encuentro, en el que participaron también el analista y director del newsletter Comentarios Enrique Carrier (experto en nuevas tecnologías) y el director de la editorial Interzona, Guido Indij, formó parte del ciclo Experiencia adn , organizado por LA NACION y que cuenta con el apoyo de Citi y las empresas Chandon, Carolina Herrera y Tudor.

Luego de su introducción, Torres mostró un libro publicado en 1862. "Este volumen tiene 149 años, salió ocho años antes de que Bartolomé Mitre fundara LA NACION y cinco antes de que se patentara la máquina de escribir. Y, sin embargo, funciona a la perfección. ¡De hecho, tiene mejor calidad de imagen que una iPad o un Kindle! Ningún otro soporte de información puede igualar semejante durabilidad."
Añadió que los libros son los únicos medios que no necesitan de un aparato externo para poder acceder a sus contenidos. Por esa razón, y porque son objetos palpables, se establece con ellos una relación "más íntima" que con discos o e-books. 

"Por otro lado, las estadísticas muestran que los que más leemos libros de papel somos también los principales consumidores de e-books . Es lógico -afirmó Torres-, la tentación de recorrer catálogos y obtener en instantes una obra que no habíamos leído es irresistible. Sí, nuestras bibliotecas reales son un tesoro, pero los e-books tienen la enorme virtud de expandir esa biblioteca casi hasta el infinito."

Por su parte, Indij trató el tema del futuro del negocio editorial y enumeró las ventajas que, a su juicio, tiene el formato tradicional.

Carrier habló de los cambios para el lector, el escritor, así como para las editoriales y librerías que introdujo la llegada del libro electrónico. "Leer es ahora más barato, más cómodo y hay más opciones ya que fomenta la lectura. Los libros no podrán escapar al tsunami de la digitalización", agregó.

Destacó asimismo que otra ventaja de los e-books "es que cuando uno quiere desesperada, urgente, vitalmente un texto, se lo puede obtener [en forma digital] en cualquier momento, desde cualquier lugar".

Entre los asistentes pudo verse al director del Museo Nacional de Bellas Artes, Guillermo Alonso; el embajador en Túnez, Sergio Baur; a la directora de la Editorial El Ateneo, Luz Henríquez; a la directora de Marea Editorial, Constanza Brunet; al escritor Eduardo Alvarez Tuñón; el consejero cultural de la embajada de México, Ricardo Calderón Figueroa, y el ex embajador argentino en los Estados Unidos, José Octavio Bordón.

Por Experiencia adn ya pasaron el pianista uruguayo Luciano Supervielle y Kevin Johansen junto a Liniers. El cuarto encuentro será el 16, con Javier Malosetti y su banda Electrohope, que presentará su disco "TEN". La entrada es gratuita con capacidad limitada y las reservas se realizan por mail: experienciaadn@lanacion.com.ar o telefónicamente al 5272-4220, de 9 a 15..

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